Por Pino Solanas
La
sociedad argentina padece uno de los más caros e inseguros sistemas de
transporte, con catastróficas consecuencias humanas y económicas. En 2007 el
transporte vial le ocasionó al país la mayor cantidad de accidentes de su
historia, con más de 8000 muertos y miles de heridos. No es sólo imprudencia
o el alcohol: es el colapso del sistema de transporte a raíz de la drástica
reducción del ferrocarril y las privatizaciones que demostraron ser incapaces
de dar mejor servicio que el transporte público.
En
todo el mundo se siguió desarrollando el ferrocarril porque es el más económico
de todos los transportes y el único que entra a cualquier pueblo con niebla o
lluvia. En nuestro país, el plan Larkin (Banco Mundial, año 1959) levantó
ramales para hacer economías, pero su real objetivo fue debilitar las economías
regionales y la industria nacional. De casi
Con
el gobierno Kirchner pagamos tres veces más que antes: tres millones de dólares
por día y con las inversiones, once millones de pesos al año. El Estado paga
todos los sueldos, compras y reparaciones y, además, subsidia con más de mil
millones de pesos el gasoil de autos, colectivos y camiones, viajemos o no en
ellos. Argentina paga uno de los sistemas de transporte más caros del mundo:
equivale al 27 por ciento de su PBI, contra el 9 por ciento de Canadá y
Australia.
Siendo
un país agrario, el transporte automotor no es viable. El ferrocarril cuesta
7 u 8 veces menos: una locomotora arrastra la carga de 50 camiones; un tren
mediano lleva tantos pasajeros como 19 ómnibus Con la mitad de lo que gastarán
en el “tren bala” se reconstruyen a nuevo
Frente
a la crisis y la desinformación, el kirchnerismo quiere hacer votar en las
sesiones extraordinarias de
La
medida más salvaje de las privatizaciones fue sacarles a los pueblos los
trenes interurbanos que unían las provincias. Nada golpeó más a los
productores y las economías; se perdió la carga difusa y el servicio de
correo. Miles de poblaciones sin pavimento hasta la ruta quedaron aisladas;
800 estaciones cerraron; sus pueblos se transformaron en fantasmas y un millón
de habitantes emigró hacia las capitales.
Frente
a la tragedia social, el proyecto de Cristina Fernández no es reconstruir la
red que integraba al país, sino instalar el tren bala hacia Rosario y Córdoba
y a Mar del Plata. Su modelo referencial es Puerto Madero, obra de la
corporación creada por Menem y Grosso que se apropió de los terrenos públicos
del puerto sin pagar nada. Hoy el metro cubierto se vende a u$s 4000: ¿podrán
comprar los argentinos o sólo los extranjeros?
El
tren bala es antidemocrático y antinacional: su boleto será caro, aumentará
la dependencia tecnológica y la deuda externa. El imperativo es restituirle
al pueblo su derecho al transporte: volver al tren para todos, un servicio
interurbano seguro y confortable, y revisar el modelo actual para reducir las
víctimas y costos de la guerra del automotor. El tren debe volver a ser una
cultura de la comunicación que integre a
*
Integrante de Proyecto Sur.