Stiglitz
apunta contra el modelo devastador
Kintto
Lucas
IPS
Noticias
|
La
crisis del modelo económico ortodoxo afecta en especial a los
pobres y los tratados de libre comercio son impulsados por
Washington para dividir a América Latina y destruir el
multilateralismo, destacó el premio Nobel Joseph Stiglitz a su
paso por Ecuador, donde asesora al gobierno. |
Durante
un encuentro organizado por
El ingreso medio en los países en desarrollo es menor que hace tres décadas,
agregó Stiglitz, quien entre 1997 y 2
Conocido por sus críticas a las instituciones financieras multilaterales
y especialmente al Fondo Monetario Internacional (FMI), el experto afirmó
que en la década del 90 le hicieron creer a la gente que el
"fundamentalismo del mercado" iba a solucionar todos los
problemas económicos y sociales.
Las crisis del modelo ortodoxo golpearon sobre todo a los más pobres y a
las clases medias, dijo, y citó como ejemplo la explosión de la
"burbuja" inmobiliaria en Estado Unidos, como consecuencia de la
expansión descontrolada y la especulación con hipotecas de alto riesgo.
Quienes más pierden son los que se quedan sin la posibilidad de acceder a
una vivienda, no las instituciones de crédito, señaló Stiglitz.
La globalización ha sido diseñada para promover mayores ganancias del
sistema financiero y para que haya una mayor transferencia de dinero desde
los países en desarrollo a los industrializados, aseguró el economista.
El "mercado capitalista es un fraude" y es necesario que exista
"un equilibrio entre el Estado y el mercado, porque en caso contrario
se producen distorsiones" que generalmente afectan a los países en
desarrollo y a los sectores más pobres, indicó Stiglitz.
La globalización profundiza la desigualdad en el mundo, y particularmente
en los países de América Latina, porque produjo una liberalización del
capital en lugar del empleo, argumentó.
Stiglitz expresó su preocupación por la ausencia de procesos de discusión
democrática, o entidades que la promuevan, para cuestionar el modelo
globalizador. "Como se sabe, el FMI y el Banco Mundial son contrarios
a cualquier proceso democrático" interno y tampoco promueven la
discusión hacia fuera, señaló.
La desigualdad también se alimenta con los tratados de libre comercio, a
los que caracterizó como una herramienta utilizada por Estados Unidos
para "dividir a los países subdesarrollados, destruir el
multilateralismo e imponer sus industrias", como ocurre en el caso de
las patentes medicinales.
Washington, aseguró Stiglitz, busca fortalecer su proyecto económico y
político. Por lo tanto no existe negociación en los tratados de libre
comercio, sino una imposición de "contratos" elaborados de
manera unilateral.
Si Ecuador u otros países en desarrollo redactaran un tratado de acuerdo
a sus intereses, seguramente ese texto no sería aceptado por el gobierno
estadounidense, indicó el economista.
Como ejemplo, Stiglitz mencionó que una de las cláusulas podría
establecer que, mientras Estados Unidos no elimine los subsidios a sus
productos, Ecuador mantendría altos aranceles a todas las importaciones
de ese país que planteen una competencia desleal a los ecuatorianos. Esto
no sería aceptado, indicó.
Sin embargo, los países en desarrollo deben preparase para obtener de la
globalización todas las ventajas posibles, aconsejó.
"El mundo es injusto y está ahí, pero no podemos sentarnos a llorar
y esperar que esto cambie. Hay que sacar las ventajas que se puedan, como
lo han hecho China e India, que son las naciones que más han crecido en
los últimos años", aseguró.
Stiglitz señaló que
"Esto es algo que los gobiernos deben exigir y controlar su
cumplimiento por parte de los bancos, para que esos fondos vayan a quienes
realmente los necesitan y, sobre todo, que se destinen a créditos para la
producción y no para el consumo", afirmó.
Asimismo, consideró fundamental una mayor solidaridad entre los países
del Sur para enfrentar en forma conjunta la globalización.
Stiglitz destacó que los estados no deben renunciar a la planificación
económica y, en este sentido, elogió el nuevo Plan Nacional de
Desarrollo de Ecuador, que contó con su participación como asesor.
Por su parte, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, aseguró que es
reconfortante que un premio Nobel de Economía, de nacionalidad
estadounidense, coincidiera con algunas ideas que se venían debatiendo en
el país y que eran atacadas por economistas, políticos de derecha y
sectores empresariales defensores del modelo neoliberal.
"Podemos aceptar que Estados Unidos defienda sus intereses, pero lo
que es inaceptable es que exista gente en Ecuador que se dedique a
trabajar a favor de esos intereses en lugar de defender los intereses
ecuatorianos", afirmó.
Al asumir la presidencia en enero, Correa definió a su gobierno como
"bolivariano", reivindicó el "socialismo del siglo
XXI" e instó a los países de la región a unirse para reestructurar
la deuda pública.
Correa también postuló la supresión de la autonomía de los bancos
centrales, que muchas veces "responden a los intereses del sector
financiero y de organismos como el FMI o el Banco Mundial".
El presidente ecuatoriano dijo que no tenía expectativas respecto de una
globalización más justa en el futuro, si no existe una modificación de
las relaciones de poder.
"El problema no es sólo económico, sino político, ya que no existe
voluntad en los centros de poder del mundo para cambiar su curso",
indicó.
Correa destacó que "lo que más indigna" es que se mantienen
las enormes desigualdades no por falta de recursos sino por ausencia de
voluntad política.
América Latina, dijo, es la región más desigual, "donde podemos
tener personas muchísimo más ricas que en los países desarrollados y
gente más pobre que en África. Para vencer la desigualdad es fundamental
ir hacia la integración".
Un paso muy importante es la constitución del Banco del Sur, que permitirá
que las reservas de los países de la región dejen de financiar a las
naciones ricas.