EDITORIAL DEL DOMINGO 25 DE
FEBRERO DE 2007
En el curso de esta semana y debido a que me llamaron por teléfono, desde el
programa de Marcelo Bartolomé, para solicitarme algunas opiniones sobre las
investigaciones relativas a la Triple A, tuvo el Director de la llamada radio de
las madres una pequeña controversia conmigo, y tengo entendido, ya
que no suelo escuchar esa radio, que la grabación de la polémica se repitió
en los días posteriores. Hasta allí nada fuera de lo común en una Argentina
persistentemente caníbal. Me gustaría sin embargo, poder aclarar mi
pensamiento, en especial porque la imposición del pensamiento de izquierda en
el plano cultural parece ser tan hegemónica, que, sobrecoge el que una mera
opinión diferente a las impuestas, produzca a veces los efectos de una pedrada
en una cristalería. Concretamente, me parece que buscar el origen de
la Triple A en los hechos de Ezeiza, implica no comprender los contextos políticos
y las circunstancias de nuestra historia reciente. Recordé entonces y lo hago
ahora, que el común de los militantes en aquellos días, presuponíamos que
como respuesta al acto del 25 de mayo de 1973, dominado en exceso por
Montoneros, en el del 20 de Junio de ese mismo año, sectores opuestos
considerarían llegada su oportunidad de tomar revancha y que el enfrentamiento
iba a ser prácticamente inevitable. La izquierda cuando pone
en marcha la dialéctica de amigo enemigo en el campo popular, suele olvidar que
eso conlleva riesgos enormes y que tanto en el ajedrez como en cualquier otro
juego, cuando uno prepara su movida debería pensar que el adversario también
se prepara para hacer la suya. Me refiero a que los pensamientos marxistas de la
época impusieron una lógica amigo enemigo en el campo
popular que intentó separar a los buenos de los malos, en un proceso sumamente
doloroso y bastante ajeno a las historias del peronismo, al menos las historias
anteriores a los años sesenta, proceso en que, con el tiempofuimos comprobando
que los buenos no lo eran tanto como presumíamos y quelos malos no eran tan
malos como se los imaginaba, aunque en el rol asignado y a fuer de viscerales,
podían llegar a ser imprevisiblemente peores de todo
lo peor que podíamos llegar a esperar de ellos.
Es la eterna experiencia arquetípica del aprendiz de brujo… O acaso aquella
otra de abrir la caja de Pandora… Pero en este caso doloroso, Montoneros
le añadió a la torpeza, el ideologismo. La única solución que cabía en esa
noche anterior al enfrentamiento, y además era lo que muchos deseábamos o
confiábamos, que la policía ocupara el palco, pusiera orden, desarmara a los
pistoleros que lo ocupaban o los expulsara de la zona y se hiciera cargo de la
situación, garantizando la fiesta popular que, luego de dieciocho años de
exilio de Perón, se calculaba reuniría tal vez a más de dos millones de
personas. Recordemos que en ese momento Montoneros tenía la conducción de la
policía de la provincia de Buenos Aires y no solo eso sino que tenía la
Gobernación de la Provincia. Si alguno no escuchó bien podríamos repetirlo,
porque parece ciencia ficción, pero es la más pura realidad y porque algunos pícaros
y otros muchos distraídos han sentado la imagen de una banda de malhechores que
masacró desde el palco a las columnas juveniles con impunidad y alevosía.
En el momento de la llamada masacre de Ezeiza, Montoneros disponía a través de
Troxler, de la conducción orgánica de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires, y tenía también como propio con el Doctor Bidegain, el Gobierno de la
Provincia, y por si fuera poco, con el general Carcagno, tenía la conducción
del Ejercito Argentino y hasta de las FFAA. Lamentablemente, nuestras
informaciones son que la Conducción de Montoneros,
decidió según palabras de Galimberti, dar al día siguiente, o sea el día del
regreso de Perón, el esperado enfrentamiento en el seno de las masas(sic), no
hacer intervenir a la Policía, y no llevar más que armas cortas protegiendo
las columnas, a la vez que ocupar la mayor cantidad de espacios posibles en las
cercanías del palco, desde el que hablaría Perón y donde estaba la gente de
Osinde. De esa decisión, a un error o a un exceso cualquiera, como de hecho fue
el ocupar una zona no acordada previamente, hubo apenas una anécdota, pero bastó
para que en el curso de ese día se
desatara el infierno. Debo confesar que ese final absolutamente previsible, le
costó la vida a uno de mis mejores amigos, me refiero a José Luis Nell quien
comandaba una de las columnas de la zona sur y que desde esa noche que velamos
su agonía en el Fiorito de Avellaneda, quedó absolutamente lisiado hasta que,
no mucho después, y luego de encabezar a los sectores de Lealtad que rompieron
la conducción de Montoneros, tomó la decisión de suicidarse.
Bien, expresar estas memorias como yo acostumbro hacerlo, con absoluta honradez
de los recuerdos y también con reflexión autocrítica, implica hoy frente a
los pensamientos hegemónicos de la izquierda algunos graves riesgos. Por
hacerlo fui acusado por el director de la llamada radio de las madres, de
intentar volver a la doctrina de los dos demonios. Y le quiero responder con
palabras del teólogo Jorgen Moltmann que en su trabajo Resurrección de la
Naturaleza, nos dice…”solo de la negación de lo negativo se desprende la
indestructible posición de lo positivo.” Dialéctica pura,
que quien me acusa debería conocer mejor que yo. No se me puede asimilar por mi
historia y de manera alguna con las posiciones del alfonsinismo, sino comprender
que trato en mis reflexiones de ejercer una crítica profunda a la negación de
la teoría de los dos demonios, negación de la teoría que al igual que la teoría
que le diera origen, no solo ha demostrado sus grandes limitaciones, sino que en
mi parecer, hoy resulta poco más que un
anacronismo.
Y quiero redondear mi pensamiento para avanzar en un supuesto que me parece
merecería algunas reflexiones. Si la historia de los DDHH en la Argentina, tal
como parecerían postularla algunos secretarios de Estado y funcionarios
importantes del Gobierno, continúa siendo la historia de la reivindicación de
las luchas del ERP y Montoneros, debemos señalar que la proyección al presente
de aquellas historias relativamente cercanas, no son precisamente
las del Socialismo que se proponía, sino esta dura realidad de la
neocolonización de la Argentina por Repsol y por Monsanto. Dejando esto muy
claro, queda claro también la razón de que considere importante resistir las
tergiversaciones que, sobre nuestra historia reciente, ha impuesto el
pensamiento de izquierda desde los medios y desde la colonización pedagógica,
imperante en nuestras instituciones educativas. No es casual que, cuando
numerosos autores y pensadores, comienzan a vislumbrar y an repetir que la
derrota militar del Imperio norteamericano y la creciente fragilidad de los
mercados globales, están generando en la periferia
condiciones similares a las que se dieron en los años cuarenta; aquí, en la
Argentina, donde precisamente las experiencias históricas de los nacionalismos
populares han sido tan, pero tan fuertes, se nos conduzca a realimentar el
pensamiento de los años setenta, se continúe propagando un marxismo vulgar,
cobre auge el liberalismo de izquierda y se impongan como doctrinas de estado un
desarrollismo casado con las corporaciones, un desarrollismo que rinde culto al
crecimiento y al modelo de la agroexportación.
Ante situaciones crecientemente complejas como las que vivimos, corresponde que
generemos pensamientos asimismo complejos, para poder comprenderlas, para poder
resistir la instalación de los modelos globalizantes y para generar las
alternativas necesarias. Hemos asimilado la cuestión ética a una cuasi
moralina en que con una visión sesgada, terminamos defendiendo “lo políticamente
correcto”. Necesitamos recuperar la rebeldía tanto en nuestros
comportamientos como en nuestras acciones. En esa perspectiva, no existen actos
que podamos despreciar como pequeños o como intrascendentes, porque configuran
al igual que lo hacen los insumos con los paquetes tecnológicos, modos de
comportamiento que realimentan el neocolonialismo y la sumisión a las
corporaciones. Las bebidas diet que consumen muchos, mientras discuten
de marxismo o de teología, contienen un edulcorante de Monsanto que se denomina
Aspartamo o Aspartame. Este edulcorante artificial es una droga que interactúa
con otras drogas y que tendría efectos sinérgicos y adictivos.
Cuando se rompe la cadena de frío a que se deben mantener las bebidas diet, el
aspartame libera alcohol de metilo que tiene propiedades neurotóxicas.
Decenas de demandas de presuntas víctimas del Aspartame se instalaron en
tribunales norteamericanos arguyendo fraude a los consumidores y acusando al
edulcorante y a las empresas que lo usan, por sus efectos adversos. Que esas
demandas hayan sido archivadas bajo el peso de los inmensos intereses que
están en juego, no disminuye la importancia de esas luchas por la vida.
Asimismo, y en medio de la desolación del paisaje entrerriano, donde la Soja y
donde los aviones fumigadores no dejan de sobrevolar las poblaciones con sus
cargas de tóxicos. En medio de poblaciones donde los efectos de los tóxicos se
hacen evidente en las malformaciones, los enfermos de cáncer, el asma o las
enfermedades respiratorias generalizadas, hay sin embargo, vecinos que usan el
Roundup para liquidar el pasto que sale de
entre las baldosas de las veredas y además, lo usan hasta para controlar las
malezas de los jardines. Algo peor todavía, hay quienes tanto han naturalizado
estos tóxicos espantosos con los que conviven, que cuando se lastiman ya no
usan alcohol yodado o algún bactericida, sino que convencidos de las bondades
prodigiosas de los agroquímicos, se aplican directamente
sobre la herida alguno de los pesticidas que tienen a mano. En este mismo
programa, no hace mucho el Doctor Barri a cargo del área de Salud de la ciudad
de Córdoba, rememoraba que había una vez llegado a su consultorio un aero
fumigador desesperado cargando en sus brazos el cuerpo exánime y agonizante de
su pequeño hijo al que había usado de banderillero. Aclaro, los sojeros suelen
usar niños que con una banderita atada a una caña, señalan el fin del predio
a fumigar para que el fumigador corte el chorro de veneno a tiempo y no lo
malgaste sobre el campo vecino. Desde ya que la
última pasada pega de lleno en el cuerpo del niño…
En estos días la TV nos ha mostrado algunas escenas estremecedoras. Una de
ellas, las de los vecinos de Brandsen que rechazan la instalación del CEAMSE en
su zona. Otra fue la de los policías cesantes de Santiago del Estero que
reclaman ser incorporados y en especial uno de ellos que se enciende fuego
encadenado a un árbol. No puedo dejar de expresar un sentimiento de piel más
que de razonamiento y sin siquiera tomar posición frente a los hechos
ocurridos: este país vive al borde mismo del estallido…No puedo dejar de
pensar en eso en estos días, y en la absoluta irresponsabilidad del Poder,
cuando la Sra. Ministra de Economía nos anuncia con alborozo que estamos ya muy
cerca de los cien millones de toneladas de granos. Cien millones de
Toneladas que anticipaban hace ya varios años las grandes corporaciones.
Evidentemente, esas muertes innumerables son apenas externalidades que no
afectan los éxitos de los record de cosecha. Pero así como en relación a los
hombres de Osinde en el Palco de Ezeiza el 20 de junio, no me puedo poner en
situación de juzgar o de modificar la conducta de un grupo de pesados, de
culatas, de matones, marginales y parapoliciales, sino que me planteo en todo
caso debatir la estrategia y la conducta, con los que levantaban banderas de
cambio y se proponían mejorar el mundo; tampoco quiero aquí centrarme en la
conciencia de la Señora Ministra y en su asombroso devenir a lo largo de los últimos
treinta años desde el PRT original, a la propuesta de poner la agricultura al
servicio de la producción de Biocombustibles.
Para nosotros resulta más importante poner el acento en ese vecino que, por
error o por indiferencia le da a los venenos de la agricultura un uso doméstico,
porque necesitamos recobrar autoridad moral frente a los terribles desafíos que
enfrentamos. Necesitamos que cada quien recobre su conducta y valorice los pequeños
gestos, para recuperar esa autoridad moral
que fuimos extraviando. El modelo de la agricultura industrial y su
complemento inherente: el paquete de las fumigaciones con agrotóxicos, no solo
ha dañado profundamente la salud de nuestras poblaciones, algo peor todavía:
ha desintegrado a nuestra sociedad y ha impuesto los valores del mercado y de la
mercantilización de la vida. Y eso es lo que tenemos que revertir.
En las zonas fumigadas se dan varios procesos intensamente sinérgicos. Por una
parte, la contaminación y los disruptores hormonales que contienen los tóxicos
que se asperjan sobre las poblaciones, provocan un desplome de los sistemas
inmunitarios de las personas y en especial de los niños. Por la otra, estos
mismos venenos afectan en profundidad la vida del suelo, deprimen las colonias
de bacterias que mantienen el humus, hacen desaparecer
las lombrices y distorsionan los mecanismos naturales de incorporación a la
tierra de los restos vegetales y animales. El suelo y por lo tanto, también el
hábitat enfermo, posibilitan de esa manera, la proliferación de patógenos y
de organismos de vida anaeróbica entre los cuales se encuentran los que
amenazan la salud humana. En tercer lugar, a todas esas situaciones
desfavorables, se suma una alimentación inadecuada donde priman las carnes y
los farináceos cocidos y donde faltan los alimentos crudos, justamente como
consecuencia de las fumigaciones y justamente, también, los más necesarios
para levantar el sistema inmunitario.
Pero hay algo más que hemos advertido y es la inexistencia de recursos
culturales para enfrentar estos terribles riesgos a la vida. A las fumigaciones
no solo puede resistirse con una demanda o acaso ejerciendo la legítima
defensa, a la contaminación se la resiste también con forestación y con
cercos perimetrales de árboles, se la resiste con setos de arbustivas
cualesquiera que ellas sean, setos vegetales que conformen muros verdes que nos
protejan. Y a los desequilibrios del suelo, al menos en la pequeña escala del
jardín que rodea una vivienda, se los resiste compostando restos
orgánicos y en especial los deshechos familiares, que permitan recrear y
realimentar como en puntos de sutura, a la microfauna del suelo. Se las resiste
también, dando protección a los pequeños seres del jardín, con rincones
sombreados y húmedos, con troncos muertos donde los polinizadores puedan buscar
refugio, e incorporando además, toda la diversidad posible de plantas y
animales al entorno de la casa, ese pequeño ecosistema que es
nuestro ecosistema...
Estamos llevando a cabo en todo el país y en especial en la provincia de Entre
Ríos, una campaña contra los impactos devastadores de los cultivos
industriales. Como ocurre siempre, la lucha es arquetípica y se renuevan los
roles y los relatos, los personajes cambian los ropajes pero en el fondo se
repiten similares situaciones a todos los enfrentamientos. Debemos aprender a
usar nuestras voces y hacer uso de nuestra ciudadanía, debemos aprender a
defendernos y a preservar el entorno chiquito en que vivimos, pero sobre todo
debemos aprender a ser francos con nosotros mismos, solidarios con nuestros
iguales, recíprocos con los que nos dan una mano, y recordar siempre que, para
derrotar al otro debemos ganar su corazón, persuadirlo
primero de que nuestras razones morales son superiores, y que para lograrlo
debemos recobrar la autoestima y la autoridad desde la ética y desde la
conducta.
Jorge Eduardo Rulli