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Mensaje político Nº 257

05-02-07

 

Serie: Han convocado a los espíritus. ¿Sabrán conducirlos?

 

Nota VII:

Perón siempre les tendió una mano amiga

Segunda y última parte

 

Por Juan Gabriel Labaké

jglabake@telered.com.ar

 

Continúo con las pruebas de que Perón permanentemente trató de atraerlos, integrarlos al Movimiento y salvarlos del infierno de la guerra.

 

4.- No al acuerdo con Perón, sí a los fusiles

El 6 setiembre de 1973, es decir pocos días antes de que Perón fuera plebiscitado en las elecciones del 23-09-73, y de que los montoneros asesinaran a Rucci el 25-09-73, el General mantuvo otra reunión conciliatoria con Firmenich y Quieto. Según reconoce Amorín (página 247):

“El Viejo les ofreció un acuerdo: los montoneros seguiríamos al frente de la juventud, de la Universidad y de los espacios de poder en el Estado que teníamos hasta ese momento, y podríamos actuar en el Partido Justicialista, al cual el Viejo nunca le dio mucha importancia, dentro de los límites impuestos por los estatutos partidarios, él no iba a interferir. Como contrapartida nos exigió respeto al Pacto Social y que dejáramos de meternos con el sindicalismo”. (…) Firmenich, en la reunión de la conducción nacional interpretó: El Viejo nos da lo que ya tenemos y a cambio quiere que disolvamos la Juventud Trabajadora Peronista”.

¡Increíble ceguera e insondable soberbia!

Al salir de esa reunión con Perón fue cuando Firmenich desafió a los dioses. Los periodistas le preguntaron si Montoneros abandonaría las armas, y el imberbe adolescente (y por lo visto algo más…) respondió:

“De ninguna manera, porque el poder político brota de la boca de un fúsil”.

 

5.- “Les pido paciencia y paz”

También según Bonasso:

“El 25 de abril, el Viejo se reunió con todos los grupos de la Juventud Peronista (agrego yo: con todos, sin excepción) y les pidió paciencia y paz para el próximo 1º de Mayo” (de 1974).

Para ser honestos, debemos reconocer que los jóvenes de la “derecha” obedecieron e hicieron buena letra, al menos en esa ocasión…, pero los de la “izquierda” repitieron su vieja costumbre: le aguaron la fiesta al General.

 

6.- … usted es el responsable

Contó el doctor Oscar Alende (cofundador, junto con Arturo Frondizi, de la Unión Cívica Radical Intransigente, ex gobernador de Buenos Aires y candidato presidencial en la formula Alende-sueldo en 1973 por la Alianza Popular Revolucionaria) que el 01-05-74, una vez terminado el acto en la Plaza de Mayo en donde el General dijo aquello de “imberbes estúpidos”, dirigiéndose a López Rega lo conminó:

“No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable”.

El episodio lo relató Alende a Felipe Pigna, y lo transcribe José Amorín en el mencionado libro “Montoneros: la buena historia”. El propio Amorín, que estuvo en esa Plaza todavía como montonero, reconoce que, sin esas palabras de Perón, esa noche se habría producido una masacre similar a la de Ezeiza.

 

7.- Un intento más

Otro ejemplo del real deseo de Perón respecto de los montoneros lo da Amorín, en el mismo libro arriba citado. En la pág. 256 reconoce que:

“Después del asesinado de Rucci, Hobert (uno de los principales dirigentes montoneros), secundado por el Canca Gullo, Perdía y, talvez, también por Dardo Cabo, hicieron lo imposible por arreglar los tantos con el sindicalismo y con Perón. Sé que llegaron a un acuerdo con Lorenzo Miguel y que el Viejo se sentía predispuesto a conciliar. Y sé que, como hecho simbólico del potencial acuerdo, apostaron a la manifestación del 1º de mayo del ’74. Pero, como tantas veces sucede en la historia de las revoluciones, los insensatos les ganaron de mano”.

Es de destacar que, por lo que dice Amorín, Perón se sentía dispuesto a conciliar aún después del alevoso asesinato de Rucci y antes del 1º de Mayo de 1974.

 

8.- El postrer esfuerzo

Más todavía, después de todas las afrentas (todas: lo de Rucci, lo de los 8  diputados montoneros que no quisieron aceptar su conducción y renunciaron a sus bancas para seguir con las armas, lo del asalto a la guarnición de Azul, y lo de los insultos a su propia esposa en el día de los trabajadores en Plaza de Mayo) Perón conservaba la suficiente templanza y grandeza como para abrir una nueva posibilidad de diálogo con los montoneros. Para ellos, habilitó a Duilio Brunello, a la sazón interventor federal en Córdoba y vicepresidente del Partido Justicialista, para que iniciara conversaciones conciliatorias con la conducción de Montoneros. Brunello encargó a su secretario privado y asesor político Carlos “Chango” Funes que tomara contacto con la conducción montonera. Los detalles de esas conversaciones y sus resultados me fueron transmitidos en forma personal por Carlos Funes años después.

Según el “Chango”, las reuniones comenzaron a mediados de Mayo de 1974, apenas unos días después de los brulotes de los imberbes contra Isabel en Plaza de Mayo. Por la conducción de Montoneros asistieron tres de sus miembros, encabezados por Juan Carlos Dante “Canca” Gullo. El diálogo no fue fácil porque, si bien Gullo era partidario de “volver a Perón”, el resto de la conducción (que no asistía a las reuniones) seguía pensando que “el poder brota de la boca del fúsil” y rechazaba toda posibilidad de reconciliarse con el General.

 Sin embargo, la paciencia del “Chango” y del “Canca” hizo posible que,+ a mediado de junio, y luego de varias reuniones, se aprobara un borrador. El primer punto era el acatamiento de Montoneros a la conducción de Perón. Para hacerles menos duro el trago, se convino una forma elegante de proclamarla: Montoneros pediría autorización al General para asistir, como representante de la Juventud Peronista, al Congreso de Juventudes Políticas Latinoamericanas que se realizaría en Cuba en el siguiente mes de julio. El resto de lo acordado coincidía en líneas generales con la propuesta que les había hecho Perón a Quieto y Firmenich en la ya citada reunión del 6 de setiembre de 1973.

Funes entregó el borrador a Brunello, y éste lo puso en manos del General alrededor del 20 de junio. Y ahí quedo, como simple proyecto, porque, primero el viaje a Paraguay, luego el agravamiento de la salud de Perón e inmediatamente después su muerte anularon esta última posibilidad de evitar la tragedia.

Ese diálogo final que, según todo indica, fracasó sólo porque la parca dio su veredicto inapelable, fue posible porque Montoneros estaba sensiblemente “ablandado”, ante la abrupta pérdida de adherentes que experimentó sobre todo a partir del asesinato de Rucci. La sangría se agravó cuando enfrentaron a Perón en enero 1974 frente a las cámaras de TV y ante la perentoria admonición del General de que se definieran, y 8 de sus  15 diputados nacionales renunciaron.

Pero, con toda seguridad, las bases juveniles abandonaron masivamente a la conducción Montonera cuando, con total soberbia y absoluta falta de sensatez, insultaron a la esposa de Perón (“No rompan más las bolas”) y amenazaron a los sindicalistas (“Rucci traidor, saludos a Vandor”). El Viejo los echó, pero no todos se fueron. El propio Amorín relata (página 298 y siguientes):

“Nosotros (se refiere a su actividad política como  montonero, pero él ya sin  armas, en el Oeste del Gran Buenos Aires) movilizábamos familias: abuelos, padres, nietos. Gentes que tenían ganas de ver a Perón y, de paso, darse una vueltita por Buenos Aires. Gentes que no sólo no estaban preparadas para ningún tipo de enfrentamiento sino que eran, además, las victimas propiciatorias de los mismos. (…) Eran simples hombres, mujeres y niños, humildes en su mayoría cuya única aspiración consistía en saludar a Perón. (…) (la indicación era concentrarnos) en la explanada de la facultad de Derecho, donde debíamos reunirnos con el resto de las columnas: no había mucha gente y, la inmensa mayoría, eran militantes de la Jotapé. Además, se respiraba un clima de guerra: las columnas, formadas de manera militar ordenadas y encuadradas por sogas, hacían marchas y contramarchas… los militantes carecían de ese aire festivo qué siempre había caracterizado a las movilizaciones de la Jotapé. (…)… supe que había cambiado la historia y los montoneros estábamos solos: el pueblo había dado un paso al costado. (…) Y sentí que una puñalada me atravesaba el estómago cuando, frente al Viejo en el balcón comenzaron las consignas contra Isabel… Cuando las columnas Montoneras comenzaron a marcharse de la plaza, di la orden de quedarnos y gritar ‘Perón, Perón’.

La soledad que la conducción de Montoneros comenzó a sufrir la forzó, sin dudas, a permitir que los”moderados” de ella, como el “Canca” Gullo y otros pocos, dialogaran en mayo/junio de 1974 con los representantes de Perón y elevaran al General el proyecto de conciliación mencionado. Pero, esta vez, la muerte fue la que dijo no.

 

Buenos Aires, 5 de febrero de 2007.

Juan Gabriel Labaké

Próxima nota: Perón e Isabel siempre actuaron leal y legalmente

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