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Nota
VII:
Perón
siempre les tendió una mano amiga
Segunda
y última parte
Por Juan Gabriel Labaké
Continúo con las pruebas de que Perón permanentemente trató de atraerlos, integrarlos al Movimiento y salvarlos del infierno de la guerra.
4.-
No al acuerdo con Perón, sí a los fusiles
El
6 setiembre de 1973, es decir pocos días antes de que Perón fuera
plebiscitado en las elecciones del 23-09-73, y de que los montoneros
asesinaran a Rucci el 25-09-73, el General mantuvo otra reunión conciliatoria
con Firmenich y Quieto. Según reconoce Amorín (página 247):
“El
Viejo les ofreció un acuerdo: los montoneros seguiríamos al frente de la
juventud, de la Universidad y de los espacios de poder en el Estado que teníamos
hasta ese momento, y podríamos actuar en el Partido Justicialista, al cual el
Viejo nunca le dio mucha importancia, dentro de los límites impuestos por los
estatutos partidarios, él no iba a interferir. Como contrapartida nos exigió
respeto al Pacto Social y que dejáramos de meternos con el sindicalismo”.
(…) Firmenich, en la reunión de la conducción nacional interpretó: El
Viejo nos da lo que ya tenemos y a cambio quiere que disolvamos la Juventud
Trabajadora Peronista”.
¡Increíble
ceguera e insondable soberbia!
Al
salir de esa reunión con Perón fue cuando Firmenich desafió a los dioses.
Los periodistas le preguntaron si Montoneros abandonaría las armas, y el
imberbe adolescente (y por lo visto algo más…) respondió:
“De
ninguna manera, porque el poder político brota de la boca de un fúsil”.
5.-
“Les pido paciencia y paz”
También
según Bonasso:
“El
25 de abril, el Viejo se reunió con todos los grupos de la Juventud Peronista
(agrego
yo: con todos, sin excepción) y
les pidió paciencia y paz para el próximo 1º de Mayo” (de
1974).
Para
ser honestos, debemos reconocer que los jóvenes de la “derecha”
obedecieron e hicieron buena letra, al menos en esa ocasión…, pero los de
la “izquierda” repitieron su vieja costumbre: le aguaron la fiesta al
General.
6.-
… usted es el responsable
Contó
el doctor Oscar Alende (cofundador, junto con Arturo Frondizi, de la Unión Cívica
Radical Intransigente, ex gobernador de Buenos Aires y candidato presidencial
en la formula Alende-sueldo en 1973 por la Alianza Popular Revolucionaria) que
el 01-05-74, una vez terminado el acto en la Plaza de Mayo en donde el General
dijo aquello de “imberbes estúpidos”, dirigiéndose a López Rega lo
conminó:
“No
quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable”.
El
episodio lo relató Alende a Felipe Pigna, y lo transcribe José Amorín en el
mencionado libro “Montoneros: la buena historia”. El propio Amorín, que
estuvo en esa Plaza todavía como montonero, reconoce que, sin esas palabras
de Perón, esa noche se habría producido una masacre similar a la de Ezeiza.
7.-
Un intento más
Otro
ejemplo del real deseo de Perón respecto de los montoneros lo da Amorín, en
el mismo libro arriba citado. En la pág. 256 reconoce que:
“Después
del asesinado de Rucci, Hobert
(uno de los principales dirigentes montoneros), secundado
por el Canca Gullo, Perdía y, talvez, también por Dardo Cabo, hicieron lo
imposible por arreglar los tantos con el sindicalismo y con Perón. Sé que
llegaron a un acuerdo con Lorenzo Miguel y que el Viejo se sentía
predispuesto a conciliar. Y sé que, como hecho simbólico del potencial
acuerdo, apostaron a la manifestación del 1º de mayo del ’74. Pero, como
tantas veces sucede en la historia de las revoluciones, los insensatos les
ganaron de mano”.
Es
de destacar que, por lo que dice Amorín, Perón se sentía dispuesto a
conciliar aún después del alevoso asesinato de Rucci y antes del 1º de Mayo
de 1974.
8.-
El postrer esfuerzo
Más
todavía, después de todas las afrentas (todas: lo de Rucci, lo de los 8
diputados montoneros que no quisieron aceptar su conducción y
renunciaron a sus bancas para seguir con las armas, lo del asalto a la
guarnición de Azul, y lo de los insultos a su propia esposa en el día de los
trabajadores en Plaza de Mayo) Perón conservaba la suficiente templanza y
grandeza como para abrir una nueva posibilidad de diálogo con los montoneros.
Para ellos, habilitó a Duilio Brunello, a la sazón interventor federal en Córdoba
y vicepresidente del Partido Justicialista, para que iniciara conversaciones
conciliatorias con la conducción de Montoneros. Brunello encargó a su
secretario privado y asesor político Carlos “Chango” Funes que tomara
contacto con la conducción montonera. Los detalles de esas conversaciones y
sus resultados me fueron transmitidos en forma personal por Carlos Funes años
después.
Según
el “Chango”, las reuniones comenzaron a mediados de Mayo de 1974, apenas
unos días después de los brulotes de los imberbes contra Isabel en Plaza de
Mayo. Por la conducción de Montoneros asistieron tres de sus miembros,
encabezados por Juan Carlos Dante “Canca” Gullo. El diálogo no fue fácil
porque, si bien Gullo era partidario de “volver a Perón”, el resto de la
conducción (que no asistía a las reuniones) seguía pensando que “el poder
brota de la boca del fúsil” y rechazaba toda posibilidad de reconciliarse
con el General.
Sin
embargo, la paciencia del “Chango” y del “Canca” hizo posible que,+ a
mediado de junio, y luego de varias reuniones, se aprobara un borrador. El
primer punto era el acatamiento de Montoneros a la conducción de Perón. Para
hacerles menos duro el trago, se convino una forma elegante de proclamarla:
Montoneros pediría autorización al General para asistir, como representante
de la Juventud Peronista, al Congreso de Juventudes Políticas
Latinoamericanas que se realizaría en Cuba en el siguiente mes de julio. El
resto de lo acordado coincidía en líneas generales con la propuesta que les
había hecho Perón a Quieto y Firmenich en la ya citada reunión del 6 de
setiembre de 1973.
Funes
entregó el borrador a Brunello, y éste lo puso en manos del General
alrededor del 20 de junio. Y ahí quedo, como simple proyecto, porque, primero
el viaje a Paraguay, luego el agravamiento de la salud de Perón e
inmediatamente después su muerte anularon esta última posibilidad de evitar
la tragedia.
Ese
diálogo final que, según todo indica, fracasó sólo porque la parca dio su
veredicto inapelable, fue posible porque Montoneros estaba sensiblemente
“ablandado”, ante la abrupta pérdida de adherentes que experimentó sobre
todo a partir del asesinato de Rucci. La sangría se agravó cuando
enfrentaron a Perón en enero 1974 frente a las cámaras de TV y ante la
perentoria admonición del General de que se definieran, y 8 de sus
15 diputados nacionales renunciaron.
Pero,
con toda seguridad, las bases juveniles abandonaron masivamente a la conducción
Montonera cuando, con total soberbia y absoluta falta de sensatez, insultaron
a la esposa de Perón (“No rompan más las bolas”) y amenazaron a los
sindicalistas (“Rucci traidor, saludos a Vandor”). El Viejo los echó,
pero no todos se fueron. El propio Amorín relata (página 298 y siguientes):
“Nosotros
(se refiere a su actividad política como
montonero, pero él ya sin armas,
en el Oeste del Gran Buenos Aires) movilizábamos
familias: abuelos, padres, nietos. Gentes que tenían ganas de ver a Perón y,
de paso, darse una vueltita por Buenos Aires. Gentes que no sólo no estaban
preparadas para ningún tipo de enfrentamiento sino que eran, además, las
victimas propiciatorias de los mismos. (…) Eran simples hombres, mujeres y
niños, humildes en su mayoría cuya única aspiración consistía en saludar
a Perón. (…) (la indicación era concentrarnos) en la explanada de la
facultad de Derecho, donde debíamos reunirnos con el resto de las columnas:
no había mucha gente y, la inmensa mayoría, eran militantes de la Jotapé.
Además, se respiraba un clima de guerra: las columnas, formadas de manera
militar ordenadas y encuadradas por sogas, hacían marchas y contramarchas…
los militantes carecían de ese aire festivo qué siempre había caracterizado
a las movilizaciones de la Jotapé. (…)… supe que había cambiado la
historia y los montoneros estábamos solos: el pueblo había dado un paso al
costado. (…) Y sentí que una puñalada me atravesaba el estómago cuando,
frente al Viejo en el balcón comenzaron las consignas contra Isabel… Cuando
las columnas Montoneras comenzaron a marcharse de la plaza, di la orden de
quedarnos y gritar ‘Perón, Perón’.
La
soledad que la conducción de Montoneros comenzó a sufrir la forzó, sin
dudas, a permitir que los”moderados” de ella, como el “Canca” Gullo y
otros pocos, dialogaran en mayo/junio de 1974 con los representantes de Perón
y elevaran al General el proyecto de conciliación mencionado. Pero, esta vez,
la muerte fue la que dijo no.
Buenos
Aires, 5 de febrero de 2007.
Juan
Gabriel Labaké
Próxima nota: Perón e Isabel siempre actuaron leal y legalmente