Nota
XI:
Para
ser secreto tiene que ser público
Por
Juan Gabriel Labaké
El
insigne historiamacaneador Juan Bautista “Tata” Yofre, en un esfuerzo por
emular a un personaje del “Negro” Alberto Olmedo, pero con menos gracia…,
dedica una buena parte de sus notas de Ámbito Financiero a comentar un supuesto
y truculento Documento Reservado que Perón, dominado por alguna fiebre extraña
que el “Tata” no menciona, habría
difundido ante casi un centenar de personas… a pesar de ser secretísimo y
confidencial… En ese Documento, siempre según Yofre, de fines de setiembre de
1973, Perón ordena asesinar a todos los montoneros, pero lo hace leer ante
cinco gobernadores pro montoneros… que iban a ser asesinados… en secreto, y
que asistieron como invitados de honor a la Salamanca descripta por el
“Tata”. ¡Otra tomadura de pelo
del historiamacaneador que nos ocupa! Veamos.
El
Documento Reservado
Siempre
según el “Tata”,
“El
Acta Fundacional de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) es del 1 de octubre
de 1973, seis días más tarde del asesinato de José Ignacio Rucci, Secretario
General de la CGT, durante una reunión que presidió el propio General Perón
como presidente electo de la Nación, y la presencia de Raúl Lastiri
(presidente interino); los ministros del Interior, Benito LLambí, y de
Bienestar Social José López Rega; el Senador Nacional y Secretario General del
PJ, José Martiarena; y los gobernadores, sin excluir a los cinco que estaban
enrolados en la tendencia revolucionaria, y los vicegobernadores”.
En
esa reunión se habría leído
“un
Documento Reservado que fijaba directivas para terminar con el ‘entrismo’ de
la izquierda”.
Perón
(a simple título de jefe del Movimiento pues, insisto, aún no era presidente),
alrededor de esa época, efectivamente dio directivas internas al Movimiento
para evitar la acción disolvente de los montoneros que ya he descripto.
La
trampa de Yofre consiste en no aclarar con precisión
que eran directivas internas y tergiversar las palabras de Perón, para
hacer creer que la orden era matar montoneros. Para ello, el “Tata” recurre
al ardid de hacer hablar a un “oficial retirado del
Ejército, especialista en cuestiones de inteligencia y estrategia, cuyo nombre
no puedo revelar por razones de seguridad”… ¡El truco es viejo,
“Tata”! ¡Demasiado viejo!
Según
ese misterioso “especialista”:
a)
Donde el Documento (de muy dudosa existencia) afirma:
“…la
agresión de los grupos marxistas-terroristas en forma sistemática importa una
guerra desencadenada contra nuestra organización y dirigentes… y
tilda a los montoneros de enemigos…
debe
interpretarse que Perón está ya justificando su matanza.
b)
Donde dice:
“Ese
estado de guerra… no puede ser eludido y nos obliga… a atacar al enemigo en
todos sus frentes y con la mayor decisión…
c)
Donde el supuesto Documento anuncia que:
“Se
organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha.
El
General está creando “estructuras
de Inteligencia paralelas a las institucionales del país”.
d)
Donde recomienda:
“Utilizar
todos los medios que se consideren eficientes en cada lugar y oportunidad”…
Perón
está hablando de matarlos…
e)
Donde el Documento ordena:
“Los
compañeros peronistas en los gobiernos nacional, provincial o municipales deberán
participar en la lucha, haciendo actuar a todos los elementos de que dispone el
Estado para impedir los planes del enemigo y para reprimirlo con todo rigor.
El
“especialista” interpreta que: “Eso
puede ser considerado como un antecedente documental de los decretos que dos años
más tarde involucraron a las FF.AA. en la lucha contra el terrorismo”.
Lo
más arbitrario y desopilante es que el ”especialista” ignoto, sin otras
pruebas o indicios que las antojadizas interpretaciones citadas, saca la
siguiente “Conclusión general” (que el “Tata” acepta con gusto) :
“En
ese marco, las Tres A constituyeron el instrumento paralelo del gobierno
peronista que se resistió a ser trasvasado
ideológicamente y a ceder el espacio de poder disputado y ganado en las urnas.
Constituyó una respuesta oficial, apreciada como necesaria, aun en la forma, a
los grupos terroristas que enfrentaban el gobierno y la sociedad.
Y
la remata “dignamente”:
Este
documento analizado podría ser definido como la ‘partida de nacimiento’ de
la Triple A., oficializado directamente por el General Perón con la aprobación
de los máximos dirigentes del movimiento”.
Lo
que antecede es de una enorme malicia y de mucha mala fe. Nunca las Tres A
fueron “el instrumento paralelo del gobierno peronista”, sino que, como ya
he demostrado fehacientemente, fueron creadas, dirigidas y operadas por los
futuros golpistas genocidas, comandados ya por el general Videla, en ese
entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto. Un ministro, López Rega, les prestó
cobertura política, haciendo las veces de “perejil”, aunque con una
terrible culpabilidad personal. De ahí, a decir que “la Triple A fue
instrumento del gobierno peronista”, hay un abismo que el historiamacaneador y
el “especialista” rellenan con bastante hipocresía y no menos rencor.
Nadie
se opone a que los jueces argentinos investiguen con libertad total. Al
contrario, el criterio de justicia que todos llevamos impreso en nuestro
interior, y el legítimo reclamo de los deudos a que se sepa quiénes fueron los
culpables y se los castigue condignamente, exigen que la investigación de los
actos terroristas siga adelante hasta el final. Lo que sí tenemos derecho a
pretender, y vamos a reclamar su cumplimiento siempre, es que se investiguen
todos los crímenes terroristas, especialmente los cometidos durante nuestro
gobierno constitucional, y no sólo los de un sector, y que no se aproveche la
investigación para manosear prejuiciosa y calumniosamente la imagen de personas
que han sido intachables, como Perón e Isabel.
Los
peronistas ya tenemos larga y triste experiencia de cómo sus enemigos enlodan a
Perón con calumnias groseras. Al poco tiempo, como siempre sucede, la verdad
prevalece y la maniobra vil queda al descubierto, pero los “peronofóbicos”,
como dominan la prensa nacional (y sus socios mayores del extranjero, dominan la
internacional), dan amplia publicidad a la calumnia y apenas si mencionan en la
página 19 ó 27 y con letra chiquita la verdad descubierta posteriormente.
En
1955, la CIA norteamericana preparó un informe tan “verídico” como el de
las armas de destrucción masiva de Irak y el de las “células dormidas” de
nuestra Triple Frontera. En ese informe, el gobierno norteamericano trataba de
demostrar la cuadratura del círculo: que Perón había sido un agente nazi y
que había traicionado a su propio país. El brulote fue usado como uno de los
pretextos para derrocar al General ese año. Un radical gorila, el diputado
nacional Silvano Santander, pagado por la CIA, puso su firma a ese cuento y así
se editó un libro llamado “Técnica de una traición”. Dos años después,
Arturo Jauretche publicó su libro “Los profetas del odio”, en el cual
demostró en forma irrebatible que el libelo firmado por Santander no era de
Santander sino de la CIA, y que se trataba de una mentira completa y grotesca.
Sucedió lo de siempre: el libro de Santander gozó de una publicidad
descomunal, y la desmentida de Jauretche no fue publicada ni en un periódico de
barrio.
Para
la misma época tuvimos otro ejemplo de esta sibilina y canallesca forma de
calumniar. La dictadura de Aramburu y Rojas promovió juicio penal contra Perón
por los gravísimos y socialmente descalificantes delitos de violación y
perversión de menores. Se lo acusó de haber mantenido relaciones sexuales con
una menor llamada Nelly Rivas. Se lo condenó y, tanto el proceso como su final,
tuvieron la imaginable publicidad. Con el tiempo, y una vez que regresó la
libertad de expresión a la Argentina, la propia Nelly Rivas y su familia
desmintieron las acusaciones. Pero, tales desmentidas no se publicaron, y
ya sabemos que lo que no se publica “no existe”.
Con
la actual campaña de calumnia contra Perón e Isabel sucederá otro tanto: las
calumnias han gozado del favor de toda la prensa nacional y extranjera. Cuando
el Estado Nacional, ante el abismo del papelón mundial que podemos pasar,
“cajonee” los expedientes
judiciales abiertos por dos jueces irresponsables y funcionales, nadie lo
publicará. Y si el gobierno continúa con su aventura de solicitar la captura
internacional de Isabel y de extraditarla, cuando España niegue la extradición,
como lo hará con toda seguridad, tendremos que revisar minuciosamente cada
diario para encontrar esa noticia.
Esa
es la técnica de la difamación y de la calumnia, que comenzó a usar la CIA en
1955, y concluye usándola hoy un gobierno “peronista”.
Los
absurdos del señor “Tata” Yofre
El
señor Yofre, aventajado discípulo del señor Bonasso, comete algunas
incongruencias tan groseras que no puedo pasar por alto.
1.-
Nos quiere hacer creer que Perón, siendo General de la Nación, destacado
estratega e historiador militar, reconocido como un hábil político con treinta
años de experiencia en esa materia, cometió la chiquilinada (más parecida a
una estupidez) de difundir un “Documento Reservado” (mejor dicho, reservadísimo,
ultra-secreto y más que confidencial y comprometedor) en una reunión
multitudinaria: la plana mayor del PJ y del Movimiento, todos los gobernadores y
no sé si algunos periodistas (porque a ese manoseado documento lo publicó el
diario “La Opinión” de Jacobo Timerman).
2.-
Pero el más truculento de los absurdos de Yofre, como ya expresé, no es la
multitud ante la cual él dice que se leyó el Documento, sino que jura que en
esa muchedumbre estaban los cinco gobernadores que respondían de una u otra
manera a Montoneros… a los cuales se ordenaba asesinar.
3.-
Remarco que, según este insigne historiador, el Documento Reservado es anterior
al 2-10-73, fecha en que lo publicó “La Opinión”. Pero resulta que Perón,
según he demostrado con citas de autores intachables en este caso, entre
octubre y su muerte ofreció más de una vez a los Montoneros reincorporarse al
Movimiento y darles generosos espacios políticos. ¿Cómo se compagina ese ogro
que pinta el “Tata”, con el Perón real, el casi paternal que invita a los
hijos pródigos a volver al hogar común, incluso luego de que éstos insultaron
a su propia esposa.
Y
ahora mi propia conclusión general: si todas las acusaciones contra Perón son
como las de Bonasso, Yofre y la del “especialista”, podemos dormir
tranquilos: el General fue un gran tipo que nunca sacó los pies del plato, y
cumplió su propio lema “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.
Buenos
Aires, 13 de febrero de 2007
Juan
Gabriel Labaké
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