Enviado
por NAC&POP
1960
-20 de Junio –2003
A 43
años del encendido del ALTO HORNO No 1 de SOMISA
Hace
cuarenta y tres años, como consecuencia del trabajo perseverante, tenaz, y
sin renuncias de un gran argentino, don Manuel
Nicolás Savio, un conjunto de personas provenientes de casi todas las
latitudes del país y también de algunos países vecinos, sumados a los
nicoleños y ramallenses, empeñaban toda su capacidad, todo su esfuerzo, y
toda su esperanza compartida con sus familias, encendiendo el Alto
Horno No 1 , dando vida así a la primer planta integrada para la
producción de acero en nuestro país: la
Planta Gral. Savio , de la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina. De esta
manera, la firme decisión del entonces
presidente Dr Arturo Frondizi , hacía realidad
este proyecto de Savio, que había contado con el decisivo impulso dado
por el gral. Perón en su gran política de industrialización.
Esta historia comenzaba oficialmente
en 1942, con la presentación al Congreso de la Nación, por iniciativa del
entonces Coronel Savio, de un proyecto de ley para crear la Dirección General
de Fabricaciones Militares, con la función de realizar estudios,
investigaciones, etc., para conocer las posibilidades industriales del país
referidas a la producción de materiales y elementos de guerra, con el
agregado de explorar y explotar la extracción de minerales y la producción
de hierro.
Este
proyecto fue convertido en la ley 12709, y al sancionarla el PE designó como
presidente del Directorio y como Director General, al coronel Manuel N. Savio.
Como
primera acción se encaró la exploración y explotación del yacimiento ferrífero
de la sierra de Zapla, en
Jujuy, y la instalación del primer Alto Horno argentino en la
localidad de Palpalá. Un pequeño
alto horno para procesar el mineral del lugar utilizando carbón de leña, y
con el cual se pretendía demostrar, ante la indiferencia imperante en esa época,
que en la Argentina era posible reducir los minerales de hierro, como primer
paso a la instalación de una industria siderúrgica sanamente integrada que
sirviera como núcleo a una tarea mayor: la industrialización del país.
Es así
que Savio encara la estructuración de un Plan
Siderúrgico Nacional, donde el establecimiento de Zapla constituía un
valioso emprendimiento regional, circunscripto a la producción de arrabio a
partir de materias primas nacionales, y dentro de ese concepto debía
completar su desarrollo. La producción masiva de acero, debía encararse en
una planta de gran capacidad, que se conciliara con los aspectos científicos,
técnicos, y racionales modernos.
El
Plan Siderúrgico comprendería a nivel nacional la totalidad de las
actividades siderúrgicas radicadas en el país, asegurando su desarrollo y
afianzamiento. Propiciaba como núcleo fundamental del plan la creación de la
Sociedad Mixta Siderurgia Argentina.
El
establecimiento de esta empresa fue singularmente dificultoso, y aún cuando
llegó a ser una pujante realidad, siempre estuvo sujeto a los embates de los
poderosos intereses que desde el
nacimiento de nuestra patria y por siempre bregaron por nuestra dependencia
externa, utilizando como operadores a dirigentes
políticos , banqueros, empresarios,
sindicales, militares, etc. , dispuestos a anteponer sus intereses
particulares y sectoriales a los de la Nación.
El
Plan Siderúrgico fue presentado al Congreso el 26/7/46, siendo convertido en
ley casi un año después, el 13/6/47 con el número 12987. Fue promulgada por
el PE el 21 de junio de 1947, quedando en la historia como la Ley
Savio, la que fué parcialmente modificada 14 años después por la ley
15801.
En
forma muy resumida, expresamos las finalidades de la ley:
a)
Producir acero en el país utilizando materias primas y combustibles
argentinos y extranjeros en la proporción que resultara más ventajosa económica
y técnicamente, tratando de mantener activas las fuentes nacionales de
minerales y de combustibles.
b)
Suministrar a las industrias de transformación y terminado acero en
calidad y costos adecuados.
c)
Fomentar la instalación de plantas de transformación.
d)
Afianzar el desarrollo de la industria siderúrgica argentina.
El
plan se cumpliría sobre la base de:
a)
Yacimientos de hierro en explotación y plantas del estado existentes
en este momento.
b)
La planta de la S.M.S.A. que se creaba por esa ley.
c)
Otras plantas de sociedades mixtas que pudieran crearse.
d)
Las plantas de transformación y terminado de productos de acero del
capital privado.
Ya en
1944, y amparada en la ley 12709, la DGFM abría un concurso para la
conformación de una sociedad mixta, que resultó con una única oferta
concreta realizada por Talleres San Martín(TAMET), La Cantábrica SA, Siam Di
Tela Lda., y ARMCO Arg.SA. y la adhesión de prácticamente el total de
empresarios que a esa fecha estaban ligados a la producción de acero en el país,
con su compromiso de suscribir acciones. Durante un año de reuniones y
consultas con dichos empresarios
y consultores, Savio logró elaborar un proyecto
para la formación de la Sociedad
Mixta, y firmó con ellos un convenio sobre trabajos preparatorios para la
constitución de esa entidad.
El
proyecto de ley fue presentado al Ministerio de Defensa el 24 de enero de
1946, destacando la necesidad de no perder tiempo en el inicio de las tareas.
Luego de distintas alternativas dilatorias, recién el 26/7/46 el ejecutivo
envía al Congreso el proyecto, que será sancionado el 13/6/47 y promulgado
el 21 de junio de 1947,dos años y siete meses después de la licitación para
constituir la Sociedad Mixta.
Finalmente,
la sociedad quedó constituida
con un mayoritario aporte
del Estado
y menos de un10% de aportes privados, expresando Savio en aquel
momento:
“
Contamos con la solidaridad de los industriales argentinos, que nos han acompañado
desde el primer momento, estimulándonos en toda forma para llevar adelante
esta idea. También ellos cuando buscaron el contacto con nosotros, no
perdieron de vista el aspecto comercial, pero en todo instante estuvieron a la
par de los representantes del Estado en la apreciación y defensa de los altos
intereses de la Nación.”.
Todo
esto nos indica que SOMISA nacía, no como una idea caprichosa de alguien,
sino como una expresión consensuada de quienes veían imprescindible cubrir
una necesidad para el impulso de nuestra industria nacional, quedando también
en evidencia que la única alternativa posible era la de que el Estado se
hiciera cargo de liderar la
iniciativa.
Al año
del decreto-ley 12987, estaba
definido el contrato con una empresa asesora y el lineamiento general de la
planta que se instalaría en la punta Argerich, sobre el Río Paraná, en el
partido de Ramallo y muy próxima a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos.
Y aquí
comienza una etapa de incertidumbre y demoras,
ya que al actualizar los estudios ,
la planta que convenía
instalar, resultaba de mayor
capacidad y con más instalaciones que las originalmente pensadas,
y los precios actualizados
a ese momento eran más altos.
Por lo tanto, el capital
necesario era mucho mayor que el aprobado
en el presupuesto original.
Se
hizo imprescindible encarar en breve término
un aumento de capital, en momentos que se desataba el flagelo de la inflación,
haciendo inciertos nuevos aportes privados, recayendo en el estado la
responsabilidad por la integración de dicho capital en la medida adecuada
para el impulso de la obra. Ello se complicó por las dificultades para
conseguir créditos en el exterior, transcurriendo así un período
de indefiniciones, que se
prolongaría hasta 1956. .
En
este transcurso, luego de una jornada de trabajo dedicada a la búsqueda de
alternativas para una solución financiera, en la tarde del 31 de julio de
1948, fallecía el General Savio víctima de una crisis cardíaca.
Quedó
entonces como presidente el General Julio P. Hennekens, con el Gral. Humberto
Magallanes como vicepresidente, con la convicción de que tenían que
llevar adelante esta obra que
tantos años de lucha y de trabajo habían llevado a
Savio y
tanta otra gente.
Fueron
innumerables las dificultades y escollos que debieron superarse hasta llegar
al día histórico en que se inició el proceso de producción de
arrabio. Hacia fines de 1959 entraron en operación las baterías 1 y2 de
coquería para producir el combustible necesario para el
alto horno y el 20 de
junio de 1960, tras intensos días de preparación, una antorcha simbólica(1)
encendía el ALTO HORNO No1, MARIA
LILIANA ,
una unidad que a raíz de los distintos desfasajes entre lo programado y la
realidad, correspondía tecnológicamente a la decada del 40 al 50.
Desde
ese día, muchos esfuerzos, sacrificios, conocimientos, se sumaron para ir
convirtiendo a SOMISA en industria
de industrias, ubicándola en un lugar de importancia dentro del contexto
latinoamericano.
La
inauguración oficial se llevó a
cabo el 25 de julio de 1960, a
cargo del presidente constitucional de ese momento, Dr. Arturo Frondizi, quién
al asumir su cargo el 1º de Mayo
de 1958 había expresado en una parte de su discurso:
-Deberá
imprimirse, también, fuerte impulso a la siderurgia, que es otra garantía de
progreso y soberanía nacional. La puesta en marcha de la planta de San Nicolás,
tendrá prioridad en los programas de ejecución.
Cumplida
esta decisión,
durante la inauguración de la planta decía:
-Este
día señala un jalón de gran trascendencia
para la vida del país. Hoy
comienza en la economía argentina una nueva etapa en el proceso de
transformación estructural que ha
de llevar al pueblo argentino a
conquistar el alto nivel de vida que demanda. No ocultamos nuestro júbilo y
nuestra emoción ante el acontecimiento que vamos a presenciar. Es un gran
privilegio para los hombres de nuestra generación ser
partícipes de hechos como este. En el pasado, gobernantes, hombres de
ciencia y de armas, técnicos y empresarios
argentinos vislumbraron lejano este momento que a nosotros nos toca vivir tan
de cerca. Permítanme
evocar con emoción particular, de entre esta falange, al visionario y
constructor que fue el General
Manuel Nicolás Savio. Debemos a su memoria
no sólo el homenaje del recuerdo, sino el de la tenaz
prosecución de los esfuerzos
para alcanzar una vigorosa siderurgia.
Con
su suministro de acero a precios preferenciales,
y su fuerte aporte técnico y de investigaciones a través
de institutos y congresos, SOMISA impulsó fuertemente el desarrollo de
empresas privadas.
Con
su política de utilización de insumos, repuestos, y materias primas
nacionales impulsó y colaboró en el desarrollo de empresas proveedoras
existentes y nuevas, provocando así la generación de miles de puestos de
trabajo en la zona y en distintos lugares del país.
Un
ejemplo importante fue el trabajo
técnico conjunto realizado con el Instituto Argentino de Siderurgia y la
empresa HIPASAM, que permitió
consumir en los altos hornos de SOMISA toda la producción de aquella planta,
que convirtió lo que era un desierto, en la ciudad de Sierra Grande.
También a través de mucho trabajo técnico y de investigación, logró
incorporar al proceso de la coquería una cantidad importante de carbón de Río
Turbio, combustible que mayoritariamente debía ser consumido por la central térmica
de generación de electricidad.
En el
aspecto social, la empresa debió crear las condiciones que hicieran posible
contar con el personal indispensable radicado en las cercanías, con la
construcción de viviendas, escuelas , edificios para un área comercial,
hoteles, la Iglesia , que hoy constituyen un importante patrimonio de la
comunidad.
Ya
desde antes de su puesta en marcha y luego en forma constante, desarrolló
un intenso plan de capacitación para personal de todos los niveles,
incluyendo entrenamientos en el exterior, adhesión a becas de importantes
institutos nacionales e internacionales, contratos de asesoramiento técnico
con empresas de primer nivel mundial, logrando un plantel
con alto nivel de capacidad y eficiencia, patrimonio que fue
transferido con la privatización
y en gran parte desechado.
Toda
esa capacitación y experiencia fue
generosamente transmitida a otras empresas tales como Altos Hornos Zapla,
Hipasam e intercambiada con empresas privadas y siderurgias del continente.
SOMISA,
siguiendo los vaivenes del país, vivió épocas muy críticas, pero siempre
logró sostenerse con recursos propios y pagando sus créditos al día.
Hasta
que aparecen en escena Martínez de Hoz, Walter Klein y cía,. que además de
iniciar la escalada de nuestra deuda externa, trabaron a
SOMISA sus pagos al
exterior, y respaldaron a los
grupos que empezaron a atacar fuertemente a la Empresa
que estorbaba a sus proyectos monopólicos..
Se
iniciaba así la invasión de la
onda neoliberal, que embozada detrás de la globalización, no nos abandonaría
ya más.
En
1983, recuperamos la tan anhelada y amada democracia, pero lamentablemente y
ante la decepción de todos, esta recuperación no incluyó la justicia social
ni la economía al servicio de
todos.
Insignes
discípulos de Chicago, Harvard, y la madre Inglaterra, continuadores de Martínez
de Hoz, manejaron la economía subordinados a los intereses monopólicos y
extranacionales, acompañados por
el stablishmen local y con la anuencia de muchos de los
funcionarios votados por
nosotros y la complicidad de muchos sindicalistas y empresarios.
Dentro
de ese contexto, en el área
siderúrgica, como en otras, la fundación FIEL escribió en castellano la
partitura que el FMI le dictó, y los interpretes
antes mencionados, la ejecutaron.
La
administración que tomó SOMISA
en 1983, fue constituida por personal técnico que había estado en la empresa
y empezó con la apariencia de darle gran impulso, pero con el correr del
tiempo se advirtió que su principal misión era
preparar su reconversión, iniciando
su desvalorización para bajar su precio de venta. .
Luego,
a partir de 1989, la empresa es virtualmente arrasada por las administraciones
de Hugo Franco, Juan Carlos
Cattaneo y Jorge Triacca,
culminando
con María Julia Alzogaray que la vendió, como dice el tango, por cuatro
pesos sucios .
Y
entonces la reconversión se completó, como es lógico, de acuerdo a los
intereses de los nuevos dueños, que no tenían por que coincidir con los
intereses de la comunidad, según lo dictan
las reglas del mercado. Lo que FIEL escribió en 1983, se cumpliría a
rajatabla.
Y
aquel AH1 encendido en 1960, volvió a ser protagonista, pero esta vez como víctima
de este proceso. Lo apagaron, en medio de
confusos episodios, y allí
quedó, junto a las viejas baterías, como mudo testigo de los más de 7000
somiseros que se marchaban con sus “retiros
voluntarios” y una enorme
confusión en su mente y en su corazón.
Mientras,
sacudían sus cimientos las
explosiones y el rugir de topadoras que convertían equipos de producción y
galpones en campo raso. Resultaba
funcional a las políticas implementadas eliminar de raíz toda instalación
que pudiera volver a la producción generando competencia a los monopolios, ya
sea destruyéndolas, o vendiéndolas al
exterior como en el caso de
las líneas de producción de
rieles y perfiles y la colada
continua de palanquilla.
Al
mismo tiempo, los vientos que venían del sur , le contaban
que el desierto volvía a Sierra Grande, porque su producción de
pellets tuvo que dejarle lugar
a los minerales importados en la
carga del alto horno convirtiendo aquellas instalaciones en un fantasma patagónico
, expulsando a miles de obreros y pobladores.
Y desde el norte le
llegaban los lamentos de los viejos zapleros que perdían su trabajo,
reduciendo a la nada a la que fuera nuestra primer planta productora de
arrabio , mientras que en Santa
Cruz entraba en lenta agonía la
producción de carbón en Río
Turbio.
Observaba
también, como en
nombre de la globalización
se imponía una apertura
comercial indiscriminada y la importación de repuestos, materias primas,
insumos, mano de obra, servicios, reemplazaban
a todos los suministros nacionales, haciendo que más trabajadores de la zona
y de muchos otros lugares del país perdieran sus puestos de trabajo.
.Quizás
por que empezaron a prometerle cada año que le iban a devolver la vida, a
través de publicitadas conferencias que realizaban funcionarios de
la nueva empresa prometiendo millonarias inversiones,
cerró los ojos, y esperanzado, no quiso seguir mirando
las cosas que pasaban a su alrededor .
Pero
nosotros seguimos como
testigos, acompañando su silencio, y otros silencios, mientras pasan sin pena
ni gloria los 20 de junio , los 25 de julio, y
los 31 de julio, y todos los días, en un San Nicolás que perdió
muchos habitantes y que pasó a
tener uno de los índices de desocupación más altos del país. Y cuando
parecía que aunque fuera por prudencia y por respeto a la historia dejarían
de destruir instalaciones, se desactivan definitivamente las baterías 1 y 2
de Coquería.
.
Muchos, se olvidarán realmente de aquellas fechas, y no tomarán en cuenta
los achiques permanentes, pero otros, especialmente
aquellos que ocupando funciones desde donde pudieron defender a la
empresa prefirieron hacerse cómplices del desguace, o simplemente ignorarlo,
tratarán de que nadie las recuerde, para no sentir remordimientos , ni tener
que dar explicaciones sobre su comportamiento.
Mientras
nuestro AH1 sigue mudo y temeroso de que la dinamita y las topadoras
ni siquiera consideren su valor histórico.
Quizás conserve
en sus entrañas aquellas esperanzas de 1960, los sufrimientos y las lágrimas
de los 90 y aquellas palabras de don Manuel Savio:
“
La del acero es una industria básica sin cuyo desarrollo no puede
considerarse que un país ha alcanzado su independencia económica. Incluso se
comprueba la verdad opuesta: cuando menor es el desenvolvimiento de esta
industria, mayor es la dependencia que se tiene del extranjero, con las graves
consecuencias que de estas circunstancias se derivan
(1946)”.
Sólo
bastará, para comprobar esta verdad, observar
lo que creció en estos 43 años
nuestra producción de acero y
nuestra industria , y compararlo
con el crecimiento
de nuestra dependencia
externa a través de los números
de una deuda que alcanza cifras
descomunales e impagables.
San
Nicolás, mes de
junio del 2003.
Alberto Lorenzo Zoccola
DNI
6232982
(1)
Esta antorcha se conserva en la Parroquia del Espíritu Santo, en el Barrio
SOMISA
Esta
nota quiere ser un homenaje para los pioneros de nuestra siderurgia . Savio en
primer termino , quienes siguieron sus pasos en la administración honrada de
la empresa, y todos aquellos que ofrendaron anónimamente sus esfuerzos y sus
vidas.
También
pretende ser un desagravio y un recuerdo de amor y de amistad para
todos los que fueron injustamente
tratados y privados de sus
puestos de trabajo, para muchos
que se enfermaron , para los que murieron por la angustia, para los que vieron
desarmarse sus familias, para los que tuvieron que emigrar; para los que aun
deambulan por los despachos mendigando su jubilación, para los que tuvimos
que llegar a la humillación para conseguirla, para los que sobreviven como tacheros,
remiseros, quiosqueros, bolicheros, o como pueden.
También
quiere ser un llamado para los que llevaron a cabo este proceso tan infame,
los que vendieron y los que
compraron: deténganse por un instante a analizar los efectos del daño que
causaron a la comunidad, y piensen que algo podrían remediar si cambiaran su
comportamiento por una actitud de humildad, de solidaridad, de fraternidad, de
amor al país y a los demás.
Corresponde
también mencionar a quién teniendo como principal tarea de su vida la de
buscar la verdad sobre la Deuda Externa, se hizo tiempo para pelear por
SOMISA, por YPF y por las
irregularidades en las privatizaciones, Don Alejandro Olmos a quien hemos
homenajeado en estos días a tres
años de su fallecimiento.
Esta
historia que planteamos, es una de las tantas que se dieron en esta etapa de
la destrucción de la industria nacional y de la dignidad de los trabajadores
en la Argentina . Es necesario analizarla con mucha atención y extraer de
ella las enseñanzas para encarar una nueva etapa en nuestra patria, llevando
a cabo una verdadera reconstrucción nacional , descartando a estos
personajes que hoy prometen resolver los problemas que ellos mismos
ocasionaron y traer puestos de trabajo de cuya destrucción son los
principales responsables.
ALBERTO LORENZO ZOCCOLA
¡¡¡PRESENTES!!
¡¡¡
HONOR Y GLORIA A LOS QUE HICIERON
GRANDE
LA ARGENTINA !!!