El especialista británico Fred Halliday, autor del libro “Islam, El
mito de la confrontación”, le explicó a Página
12 que no existe un intrínseco choque de culturas entre Occidente y el
Islam y ejemplifica su punto de vista con un polémico análisis de la revolución
islámica iraní de 1979, a la que considera un movimiento populista característico
del Tercer Mundo. “Los movimientos fundamentalistas islámicos que se ven en
Irán, Argelia o Palestina no son movimientos religiosos: son movimientos políticos
populistas característicos del Tercer Mundo”, añade Halliday, quien siguió
de cerca el fenómeno peronista y no duda en compararlo con las fuerzas políticas
y sociales que llevaron al poder al ayatola Jomeini.
Por
Marcelo Justo, desde Londres
El
fin de la Guerra Fría, el descalabro del comunismo y el surgimiento de
movimientos islámicos fundamentalistas contribuyeron a crear un nuevo eje
explicativo de las relaciones internacionales. La idea de un conflicto
irreductible entre Occidente y el Islam, expresado en la naturaleza secular o
religiosa de ambas sociedades, encontró apoyo en la teoría del “choque de
culturas” del estadounidense Samuel Huntington, en la retórica de
fundamentalistas islámicos y en hechos tan variados como el terrorismo, el petróleo
o la Fatwa, la condena a muerte del escritor Salman Rushdie decretada en 1989
por el ayatola Jomeini. “Este supuesto conflicto es un mito propagado por
sectores interesados de Occidente y del Islam”, dice Fred Halliday, profesor
de Relaciones Internacionales de la London School of Economics y autor del
recientemente publicado “Islam, El mito de la confrontación”. Halliday no
niega la existencia de conflictos pero los define sin apelar a raíces
religiosas o a un conflicto histórico y cultural que se remontaría a la Edad
Media. “Los movimientos fundamentalistas islámicos que se ven en Irán,
Argelia o Palestina no son movimientos religiosos: son movimientos políticos
populistas característicos del Tercer Mundo”, añade Halliday, quien siguió
de cerca el fenómeno peronista y no
duda en compararlo con las fuerzas políticas y sociales que llevaron al poder
al ayatola Jomeini.
-Usted
dice que los movimientos fundamentalsitas islámicos son políticos más que
religiosos. Ahora, si uno toma el ejemplo de Jomeini parce mas bien un líder
religioso con una fuerte inclinación política.
-No
me cabe duda de que Jomeini era un hombre religioso, pero al analizar el
movimiento que él lideró, se ve que sus fundmanetos no están en la religión
sino en bases tan seculares como las de otros movimientos populares del Tercer
Mundo. Hay tres preguntas que me parecen básicas para el análisis: ¿Qué causó
este movimiento? ¿Cuál fue su programa? ¿Qué ideología tenía? Y las
respuestas a estas preguntas no están en la religión. Las causas de la
revolución iraní se encuentran la desigualdad, la corrupción, la ausencia de
democracia, la explotación extranjera de su principal recurso, el petróleo.
Estos factores se encuentran en movimientos revolucionarios seculares del Tercer
Mundo. Lo mismo ocurre con la ideología de Jomeini, que es comparable con la
que guió a otros dirigentes populistas del Tercer Mundo. En
este sentido Jomeini es similar a Perón aunque estoy seguro de que a ninguno de
los dos les gustaría este paralelo. Es muy parecido el movimiento que ambos
generaron, la convergencia de derecha e izquierda en torno de un líder.
Recuerdo cómo me sorprendió durante mi visita a Irán, después del triunfo de
la revolución, encontrar que la gente respondía a los cuestionamientos que se
hacían a algunas políticas diciendo: “Bueno, El Viejo no sabe lo que está
ocurriendo, y si lo supiera lo detendría inmediatamente”. Escuchar de nuevo
ese apodo: ¡El Viejo! Es decir, el mismo que utilizada la izquierda peronista
para referirse a Perón. Yo estuve en la Argentina en ese período del ´73 y
tuve oportunidad de dialogar con muchos dirigentes de la izquierda peronista y
Montoneros. Y se respiraba la misma confianza por El Viejo que en Irán. Y, por
supuesto, en ambos casos se vivió una decepción similar.
-Los
movimientos islámicos fundamentalistas se explicarían por razones seculares,
por su pertenencia al Tercer Mundo. Hay muchos, sin embargo, que niegan vigencia
a la categoría de “tercer mundo”, entre otros Samuel Huntington y, por
razones indudablemente menos teóricas, el presidente argentino Carlos Menem.
-No
cabe duda de que la categoría “tercer Mundo” puede ser tan generalizadora,
tan homogenizadora de cosas diversas como la de islamismo que se aplica
indiscriminadamente, como si signifcara lo mismo, a países muy diversos. Hay
claras diferencias entre Haití y la Argentina. Sin embargo, hay también puntos
en común que tienen que ver con el pasado colonial, la dominación extranjera,
el tipo de movimiento político con fuerte participación popular, etc. De ahi
los claros parentescos que se ven en diversos movimientos populares en Turquía,
Egipto, Argentina, etc. En el caso de Jomeini, lo que él hizo fué adoptar el
lenguaje de los movimientos populares de los ´50 y ´60 y darles un giro islámico.
El no hablaba de imperialismo sino
de “arrogancia mundial”, no hablaba de “elite corrupta occidentalizada”
sino de “idólatras corruptos”. Pero en los hechos, cuando llega al poder,
hace lo que hicieron otros movimientos, como
el peronismo: crea un Estado corporativo, reduce importaciones innecesarias,
intenta redistibuir la riqueza. De ahí que sea un mito hablar de la amenaza
islámica como si fuera una cuestión religiosa. Primero porque ni el Islam ni
el Occidente, al que estaría enfrentado, son entidades monolíticas. Hay 54 países
islámicos que tienen conflictos con el mundo no islámico de todo tipo, sea por
el precio de sus exportaciones, por la competencia con los mercados, de carácter
histórico, etc. Pero estos problemas caracterizan a las relaciones
internacionales en general: no son privativos del Islam. Tanto es así que esas
mismas causas son las que están en el origen de conflictos entre países islámicos,
como se ve en el caso de la guera entre Irak e Irán o la invasión iraquí de
Kuwait.
-¿Quiénes
propagan el mito del enfrentamiento?
-Desde
el Islam se encuentra, por una parte, la oposición fundamentalista que surge
ante el fracaso del secularismo, sea de izquierda o modernizador –por ejemplo
en Nigeria-, y por otra, desde el gobierno por los regímenes mismos que buscan
consolidar su poder presentándose como custodios de la religión islámica
–como en Pakistán, Irán, etc. En Occidente el mito es propagado por una
coalición entre el sector armamentístico que se beneficia con la idea de que
haya que armarse para hacer frente a la amenaza islámica y la derecha política.
-¿Las
idea de Samuel Huntington forman parte de este mito?
-La
idea de que la civilización es la fuente de conflictos no tiene a mi juicio
asidero en la realidad. El Medio Oriente, que sería el caso más fuerte para
apoyar esta teoría, la refuta. A mi juicio hay que entender la teoría de
Huntington en el contexto de la crisis que provocó en Estados Unidos el debate
sobre multiculturalismo. Huntington señaló que en el mundo había estados que
tienen una fuerte identidad cultural y que compiten sobre esa base, y que
Estados Unidos debía hacer lo mismo si no quería quedarse atrás de cara al
siglo XXI. A diferencia de lo que sucedía en el caso del comunismo, en el que
la propaganda occidental era una inversión exacta de la comunista, en el caso
de Occidente y los fundamentalistas islámicos los dos propagan el mismo mito de
una lucha eterna y ahistórica entre ambas partes. El problema obvio es que, por
más que venga un libro como el mío para ofrecer una explicación alternativa
de una serie de hechos, si la gente cree que hay un enfrentamiento entre el
Islam y Occidente, esto termina convirtiéndose en un hecho concreto.---
NOTA: Este artículo fué publicado por PAGINA 12, el día Domingo 25 de Agosto de 1996, en su página 24. Fred Halliday es un escritor marxista, quien como tal, pretende situarse en un punto equidistante entre Norteamérica y el mundo islámico. Sus referencias a Perón no son muy generosas que digamos, pero interesa la relación que establece entre la coalición política que lideró el Ayatollah Ruhollah al-Musawi al-Khomein y el Movimiento Nacional Peronista.-