Un texto de LA PATRIA SUBLEVADA.
'Una historia de la Argentina Peronista, el reciente libro que publicó
Alfredo Silletta.
El regreso del líder
Las Fuerzas Armadas habían optado por el general Levingston para que se
encargara de la transición que implicaba la entrega del poder a la sociedad
civil, luego del fracaso de cuatro años de Onganía. Pero el oscuro general, a
los pocos días de haber asumido el poder, decidió que había llegado para
quedarse por un largo tiempo. Primero se peleó con los partidos políticos que
formaban La Hora de los Pueblos, luego con sus ministros y finalmente con los
comandantes de las Fuerzas Armadas.
La soberbia se había apoderado hasta que el 'viborazo' lo echó de la Casa
Rosada.
El 26 de marzo de 1971, el hombre fuerte de las Fuerzas Armadas, Alejandro Agustín
Lanusse, asumió la presidencia. Lanusse era la única figura con reconocimiento
entre los militares que podía intentar una retirada decorosa del gobierno,
intentando dejar un civil con acuerdo del peronismo. Por primera vez, los
militares asumían que todas las tácticas utilizadas para proscribir al
peronismo desde 1955 habían fracasado. Desde la lejanía, Perón mantenía su
liderazgo, ahora ampliado por sectores estudiantiles y de clase media.
La estrategia de Lanusse era preservar el sistema, a partir de un Gran Acuerdo
Nacional (GAN) conducido por las Fuerzas Armadas que permitiera, como máximo,
llegar a un acuerdo con Perón para que el próximo presidente fuera el mismo
Lanusse y, como mínimo, un civil que no fuera peronista. El general Lanusse
nombró como ministro del interior al Dr. Arturo Mor Roig, un prestigioso
radical quien rápidamente acordó con el delegado de Perón, Jorge Daniel
Paladino.
Las reuniones fueron secretas y durante varios meses el embajador en España,
brigadier Jorge Rojas Silveyra y el coronel Cornicelli, mantuvieron frecuentes
negociaciones con el general Perón. Lanusse estaba convencido de que el acuerdo
con el viejo líder justicialista iba a funcionar. Lo primero que hizo fue la
devolución de los restos de Evita, luego le reintegró el grado militar y lo
sueldos adeudados. Finalmente, concretó el cierre de 27 procesos judiciales
abiertos desde 1955. Jacobo Timmerman desde el diario La Opinión calificaba a
Perón de gran caudillo político y a Lanusse de gran
caudillo militar. Pero se estaba lejos de un acuerdo. Perón mantenía
el poder y un prudente silencio.
Mientras las negociaciones continuaban, Perón, en febrero de 1972, dará a
conocer uno de sus últimos documentos titulado La única verdad es la
realidad. Allí analizó las condiciones económicas y políticas del país
y planteó que la única forma de solución era llamar en el más breve plazo a
elecciones nacionales. También planteó tomar una serie de medidas urgentes
como el incremento del salario real, una moratoria amplia y generosa, la reducción
de la presión impositiva, la elevación de los niveles de protección de la
industria local y el crédito ágil y barato:
-Lanzamiento inmediato de grandes obras, comenzando por la de carácter
energético y vial, teniendo en cuenta que para romper la inercia del actual
proceso económico se impondrá asimismo la necesidad de llevar a cabo un vasto
plan de viviendas, cuyo déficit es, por lo demás verdaderamente dramático, ya
que oscila en los dos millones de unidades.
Perón estaba conciente de que por primera vez las Fuerzas Armadas estaban
acorraladas y que existían posibilidades concretas de retornar al poder, pero
para ello no había que cometer errores en la estrategia. Sabía que Lanusse iba
a intentar, por todos los medios, sacarlo de la lucha política. Luego de un
largo silencio el líder justicialista comenzó a mostrar su estrategia, la cual
no sería comprada con títulos, honores o dinero. Decidió que había un solo
camino y era el de presionar hasta las últimas consecuencias a Lanusse para que
entregara el poder sin concesiones. Una de las primeras medidas fue reemplazar a
Jorge Paladino por Héctor Cámpora como delegado personal, un viejo militante
que había ocupado la presidencia de la Cámara de Diputados en su primer
gobierno. En segundo lugar nombrará como delegados juveniles a Julián Licastro
y Rodolfo Galimberti, un militante juvenil, que aunque no era montonero tenía
contacto con el grupo.
El general Perón le pidió a Galimberti que unificara la Juventud Peronista. A
mediados de junio de 1972 se realizó la unificación entre los principales
grupos que incluía a Guardia de Hierro, el FEN, el CdeO de Brito Lima y los
grupos que respondían a Galimberti, Montoneros y Descamisados. En el encuentro
que se realizó en la Federación de Box se escucharon dos consignas: -Perón,
Evita, la patria peronista y -Perón, Evita, la patria socialista.
Finalmente se crearon las JP Regionales en todo el país.
Lamentablemente las Regionales fueron rápidamente copadas por las
organizaciones armadas y los grupos mas tradicionales fueron excluidos de su
conducción. En poco tiempo, esta estructura fue la organización de superficie
de los grupos armados peronistas.
Perón, que estaba al tanto del crecimiento de las formaciones especiales,
las dejaba actuar, convencido de que abandonarían la lucha armada cuando cayera
la dictadura.
En la revista Panorama del 30 de junio de 1971 dirá:
-La vía de la lucha armada es imprescindible. Cada vez que los muchachos
dan un golpe, patean para nuestro lado la mesa de las negociaciones y fortalecen
la posición de los que buscan una salida electoral limpia y clara. Sin los
guerrilleros del Vietcong atacando sin descanso en la selva, la delegación
vietnamita en París tendría que hacer las valijas y volverse a casa.
En julio de 1972 se producirá el jaque mate al gobierno de Lanusse. Perón
declarara a una revista que el gobierno ha tenido una serie de reuniones entre
junio de 1971 y abril de 1972 para sobornarlo y para que no acepte ser
candidato. Como prueba de esos contactos muestra una serie de cintas de sus
conversaciones con el coronel Cornicelli y un memorando firmado por Elías
Sapag, por el cual se le ofrecían cuatro millones de dólares a cambio de que
no lanzara su candidatura para las futuras elecciones.
El general Lanusse y las Fuerzas Armadas empalidecieron. En una larga reunión
en Campo de Mayo se resolvió que Perón era intratable y que no
podía ser candidato. También resolvieron que tampoco Lanusse. El 7 de julio,
en la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas el general Lanusse anunciaba
que para ser candidato a presidente se debería renunciar a cualquier cargo en
el gobierno, con lo cual se autoexcluía, y se debía fijar residencia en el país
antes del 25 de agosto de 1972, con lo cual apuntaba a Perón que residía en
España. Como si ésto fuera poco estableció que si ninguna fórmula alcanzara
el 50% de los votos válidos se llamaría a una segunda vuelta.
El general Perón no aceptó las reglas impuestas por el gobierno militar y
denunció la cláusula de residencia como una nueva maniobra proscriptiva hacia
el peronismo y con su genialidad manifestó:
-Lanusse parece que se autoproscribió al invitarme que hiciera lo mismo,
pero su situación no es la misma que la mía. La misma posibilidad que tengo yo
de ser rey de Inglaterra es la que tiene él de ser presidente constitucional de
la República Argentina.
Lanusse estaba grogui pero salió igual a responderle y el 27 de julio en el
Colegio Militar en un discurso volvió a atacar a Perón:
-Pero aquí no me corran más a mí, ni voy a admitir que corran más a ningún
argentino, diciendo que Perón no viene porque no puede. Permitiré que digan:
porque no quiere. Pero en mi fuero íntimo diré: porque no le da el cuero para
venir.
A Perón 'le da el cuero'
El año 1972 es políticamente decisivo. Perón fiel a su estilo había
comenzado el año negociando con Lanusse hasta que rompió en el mes de julio. A
partir de allí comenzó a gestarse definitivamente el regreso de Perón. Era
una jugada arriesgada, a suerte y verdad, donde no se sabía si los militares lo
permitirían finalmente. Muchos dirigentes justicialistas se reunían con
miembros de las Fuerzas Armadas para saber que pasaría si Perón volvía al país.
Antonio Cafiero recordó en una entrevista realizada por Carlos Eichelbaum para
la revista Los '70 que se reunió con Lanusse en la quinta de Olivos y le anunció
que Perón había decidido volver al país, ante lo cual el general Lanusse
empezó a gritar diciendo que "no iba a permitir que la negrada le hiciera
un nuevo '17 de octubre'".
Paralelamente a las difíciles negociaciones de Perón con el gobierno de
Lanusse, la violencia de los grupos guerrilleros aumentó considerablemente.
Estallaban bombas por todos lados, incluido el Sheraton de Buenos Aires; el ERP
secuestró y asesinó al dirigente de la empresa Fiat, Oberdan Sallustro y los
Montoneros ejecutaron al general Juan Carlos Sánchez, jefe del Segundo Cuerpo
del Ejército, con sede en Rosario. El hecho mas violento de ese año se produjo
en el sur de nuestro país. El 15 de agosto fue copado el penal de Rawson lo que
permitió la fuga de más de una veintena de miembros del ERP, FAR y Montoneros.
Cuando llegaron al aeropuerto local solo pudieron huir seis dirigentes, quedando
19 militantes atrincherados en el edificio del aeropuerto donde pactaron su
entrega.
Los 19 detenidos fueron remitidos a la base Aeronaval Almirante Zar y masacrados
el 22 de agosto por la Marina. Solo sobrevivieron con graves heridas tres
militantes. La sociedad se indignó por esta carnicería y el Partido
Justicialista brindó su sede para realizar el velatorio de tres guerrilleros.
La Policía Federal reprimió a los presentes ingresando con una tanqueta al
local y secuestrando los cadáveres.
La violencia continuaba en las calles de Buenos Aires y Perón decidió que
volvería al país el 17 de noviembre como prenda de paz. Antes de su regreso da
a conocer las Bases mínimas para el Acuerdo de Reconstrucción Nacional donde
plantea modificar urgentemente la política económica-social en base a un
programa elaborado por la CGT y la CGE y la integración del Consejo Económico
Social, el levantamiento del estado de sitio, la libertad de los presos políticos
y gremiales y la designación de un oficial de las Fuerzas Armadas en el
ministerio del Interior, para alejar toda suspicacia sobre parcialismo político
hasta que se realicen las elecciones.
Finalmente el 17 de noviembre el general Perón regresará al país luego de 17
años de ausencia. El Ejército y la policía cierran todos los caminos a
Ezeiza. No permitirán que el pueblo se reencuentre con su líder. El operativo
de seguridad contará con el despliegue de más de 35.000 efectivos, tanques,
piezas de artillería y con una casi segura represión para quienes se quisieran
acercar al aeropuerto.
Muchos jóvenes decidieron sortear las vallas de Ejército -algunos cruzaron a
nado el río Matanza- en lo que fue una jornada fría y con lluvia. Ya en
tierra, el general Perón será trasladado por las Fuerzas Armadas al hotel del
aeropuerto internacional.
La situación es tensa, no se sabe el final. El general Perón contará así su
regreso:
-Mi llegada fue un atropello de lo mas brutal y sobre todo de lo mas
indigno, porque han procedido con un alto grado de indignidad. Ellos decían que
era para darme seguridad y me tenían preso en una pieza en el hotel. Cuando al
fin forcé la situación salí de la pieza y dije: 'si no estoy detenido me
voy'; me pararon en la puerta con la policía, las armas y todo (...). Consigo
salir e irme a mi casa (...). Me echaron todo el ejército, toda la policía,
rodearon la casa; no podía moverse nadie allí. (...) Llegó un momento en que
colocaron cañones antiaéreos en la esquina de mi casa, para asustarnos;
pasaban aviones de la Marina, toda la noche volando bajo, también para tratar
de intimidarme.
El general estuvo en el país casi un mes. Residió en una amplia casa adquirida
para esa ocasión ubicada en la calle Gaspar Campos, localidad de Vicente López.
Desde el primer día miles y miles de militantes, especialmente jóvenes
desfilarán para saludarlo.
El historiador norteamericano Joseph Page dirá:
-El carnaval que se desarrolló en Gaspar Campos reafirmó la unión mística
que existía entre el conductor y su masa. Los largos años pasados en el exilio
habían aumentado su atractivo, mas que nunca, era ahora una figura paternal que
proyectaba sabiduría y comprensión, un mensajero de paz, un símbolo de
esperanza, la encarnación del mito eterno.
LA PATRIA SUBLEVADA.
Una historia de la argentina peronista
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Latinoamericana Editora, 300 páginas