Domingo,
03 de noviembre de 2002
El regreso de Perón: Hace treinta años, un 15 de Noviembre de 1972, el General Perón desde Roma, Italia, aún en el exilio, dirigía un
nuevo mensaje al Pueblo Argentino. Eran los prolegómenos de su histórico
regreso, y decía entre otros conceptos: “El objetivo de mi viaje, como ya he hecho presente en otras oportunidades,
es llevar una palabra de paz, tan indispensable en estos momentos para la Nación
argentina que todavía no ha cicatrizado bien las heridas de una lucha que ha
producido tanto mal a mi país”. Se
anuncia que a la mañana siguiente, en la Catedral de San Pedro, la comitiva
ofrecería una misa de acción de gracias concelebrada por el Padre Vernazza y
el Padre Mujica. El 16 de noviembre de 1972 - el gobierno de facto del
General Lanusse, desplegaba una gran cantidad de efectivos militares en torno al
aeropuerto de Ezeiza a pesar de lo cual se le hace imposible contener a los
miles de militantes que consiguen cruzar el río Matanza bajo una fuerte lluvia.
Esa
noche, un DC-8 Giuseppe Verdi de Alitalia partía desde Roma con 154 pasajeros
con destino Dakar - Buenos Aires.
¿Que
significa esta breve cronología y comentarios puntuales de
aquel entonces?, ¿Por qué en Tucumán y en todas partes se vivía la sensación
de un acontecimiento que estaba mas allá de todo calculo? Es que volvía Perón
luego de casi 17 años de ausencia, de luchas y proscripciones, de sueños que
se habían roto y volvían a nacer. Lo que parecía imposible estaba por
ocurrir. Perón vuelve. Durante años fue pintada, avión negro y utopía.
Treinta años después, los de hoy éramos aquellos, los jóvenes de la juventud
Peronista, sus leales discípulos, esa juventud maravillosa cómo solía
desgranar el General, se vuelve a encontrar en este 17, con la mente y el
corazón para reflexionar sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos
ser. Cómo
ha dicho Octavio Paz, la búsqueda
del futuro, termina con la reconstrucción del pasado. Los militantes y partícipes
de la época, por eso mismo, estamos condicionados, obligados a escuchar, a
buscar, a recrear. Es un privilegio y una responsabilidad. Nadie nos puede
quitar, mas allá de nuestras luces y nuestras sombras, de las victorias o
derrotas que son los resultados, la ética de las conductas y de los fines, que
es lo trascendente. Un legado para nuestros jóvenes, que puedan entender y
creer que es posible la integración moral de la conducta personal, con la política,
la coherencia entre la palabra y la acción, la vital confluencia de los fines
personales con el destino común.
.
El
17 de noviembre de 1972
a las 11.20 hs., quince
horas después de la partida, el DC-8 aterrizaba en suelo argentino.
Especialmente recuerdo un instante infinitesimal, (un silencio tal cómo el que
escuché cuando murió), porqué en momentos así puede escucharse el silencio, esa inefable
sensación de que ocurrió algo único e irrepetible, la inigualable alegría de
participar en un proyecto colectivo de real significación histórica. Dicen que
existió un “plan b” para resguardar la seguridad sobre todo del viajero
principal, que pretextando razones
técnicas se desviaría para aterrizar
en Carrasco, Uruguay, pues cualquier hipótesis sobre el destino del vuelo, eran
posibles Pero al Viejo General le dio el cuero. Le había hecho la guerra a los
dictadores con un grabador Geloso y una máquina de escribir. Cuenta Bonasso en
su libro “El Presidente que no fue”, que el comisario de a bordo sugirió
que si las condiciones de seguridad eran consideradas inadecuadas por el
General, podían aterrizar en la República Oriental, las frases finales
del dialogo aquel, son imperdibles: “Juan
Domingo Perón, ¿A que hora está prevista nuestra llegada a Ezeiza ?. “C.
A las 11, hora Argentina”. “J.D.P. Dígale al Comandante que
el General Perón le encarece sea puntual”.
Así
volvió el Viejo una mañana lluviosa y fue mucho mas que la alegría demorada
17 años, fue la unidad total de los trabajadores y el pueblo, el aislamiento de
la dictadura, el resultado de la lucha y la movilización popular, de consignas
claras y proyectos trascendentes. Era la materialización del “Perón
Vuelve”, esperanza de la victoria que se escribía a los apurones y amanecía
en cualquier pared, en cualquier esquina de la patria. Hoy,
que estamos con mas dudas que certezas, bastante abrumados por los feroces
pragmatismos políticos, por las filosofías y enseñanzas postmodernas, por la
cultura del descompromiso y de la ausencia de convicciones doctrinarias, las
generaciones que hemos vivido los 70 y también el fin de siglo, volvemos la
mirada al ideario político del movimiento que supimos abrazar con pasión
militante. El tema es la continuidad del Peronismo como eje del movimiento
nacional y popular en la argentina. Digámoslo.
Ello no es seguro, pero es posible. Por eso ahora más que nunca debemos
reivindicarnos militantes y tener siempre presente que muchas veces logramos lo
imposible. Es la hora del luche y vuelve. Los peronistas necesitamos reflexionar
sobre nosotros mismos, nuestras ideas y nuestra
práctica.Los jóvenes harían bien en comprender cómo piensa y siente
el peronismo, harían bien en interrogarlo, en cuestionarlo pues es fundamental
debatir con la generación política que nos sigue que son la continuidad que
toda obra aspira a tener. Es el gran desafío reconstruir la identidad histórica
del peronismo siendo fieles a sus
principios inalterables, a su concepción dinámica y no sectaria de la política,
a la primacía de la acción, al valor organizativo. Las victorias o derrotas
que hemos tenido, los errores pequeños
y grandes que sin duda tenemos, son los resultados, la ética de las conductas y
de los fines, la generación de doctrina, teoría y práctica generada en casi
57 años de historia, es lo trascendente. Esto nos da la fe para responder a los
desafíos de nuestra sociedad. Perón decía con fina sutileza, “ellos creían
que yo era de ellos, pero yo era de nosotros.” Hoy muchos creen que el
peronismo es de ellos, muchos creemos que nunca lo será.