Extraccion de apuntes del relato historico: Arturo López Dávalos y Norma Badino
Apuntes
José Antonio Balseiro había estudiado en La Plata con una beca otorgada por la Universidad de Córdoba y que, debido a sus calificaciones sobresalientes, mantuvo hasta que se recibió en diciembre de 1944. Manuel Sadosky lo recuerda como un estudiante fuera de lo común, apasionado por su vocación, característica que ya se destacaba en él desde la escuela secundaria, que cursó en el Colegio Monserrat de la Universidad de Córdoba. En marzo de 1945 se incorporó al Observatorio con un cargo de asistente y para esa fecha ya tenía varios trabajos publicados en las revistas argentinas, algunos de ellos sobre temas experimentales. Uno de estos trabajos, que publicó juntamente con Antonio Rodríguez en la Revista de la Universidad de La Plata, sobre las propiedades ópticas del plasma sanguíneo, fue comentado en una nota bibliográfica en la prestigiosa Nature.
Bajo la dirección de Guido Beck encaró el estudio de temas avanzados de física teórica y completó varios trabajos de investigación que fueron publicados en el país y en el exterior. En 1947 volvió a La Plata donde se hizo cargo del curso de Física Experimental, posición que obtuvo por concurso. En esta etapa se destacó por su preocupación por el mejoramiento de la enseñanza y la organización de la investigación en la universidad. A pesar de su juventud, los documentos suyos de esa época son un modelo de claridad y profundidad.
Con el apoyo y los contactos que estableció para él Guido Beck, y luego de varios intentos frustrados, en 1950 Balseiro viajó a Manchester con una beca del Consejo Británico a trabajar con el Profesor Leon Rosenfeld, encarando temas de investigación de vanguardia en física nuclear y teoría de campos. En el primer caso el trabajo versó sobre la descripción de la estructura nuclear a partir de potenciales modelo y en el segundo sobre la generalización de la ecuación de Dirac, que ya había probado su eficacia en la descripción del electrón. Si bien este viaje le permitió entrar en contacto con el ambiente científico internacional, en lo personal significó un sacrificio para él y su familia ya que el monto de la beca y la situación de post guerra que se vivía en Inglaterra, le impidieron llevar consigo a su esposa e hija.
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El ambiente de Manchester, estimulante en el plano científico, también le hizo vivir penurias impensables para un argentino en ese momento, viéndose obligado en más de una ocasión a canjear algunos paquetes de comida que le enviaba su familia por cupones de racionamiento para adquirir carbón a fin de combatir el duro y húmedo invierno inglés.
En 1948 el físico alemán Ronald Richter presentó al Presidente Perón un proyecto para desarrollar la fusión nuclear controlada, posibilidad que en ese momento no había logrado ningún laboratorio en el mundo y que aún hoy es un tema de gran interés porque implicaría contar con una fuente prácticamente inagotable de energía, que se pensaba utilizar en la transformación industrial del país. Esto entusiasmó al gobierno y Richter inició sus trabajos en el Instituto Aeronáutico de Córdoba donde por otra parte el Ing. Kurt Tank llevaba a cabo experiencias exitosas en el diseño y construcción de aviones retropropulsados.
La Comisión Nacional de Energía Atómica a cuyo frente estuvo primeramente el Coronel Enrique P. González y a partir de 1952 el Capitán de Fragata Pedro Iraolagoitia, había sido creada en mayo de 1950. Tenía entre sus objetivos brindar apoyo al proyecto Huemul, pero no se limitó a esto sino que, primero González y luego Iraolagoitia en mayor medida, consultaron a los expertos que tenían a la mano sobre la idoneidad de Richter y la veracidad de sus afirmaciones.
Es así como en septiembre de 1952 la Isla Huemul fue visitada por una comisión fiscalizadora integrada por José Antonio Balseiro, Mario Bancora, Manuel Beninson, Pedro Bussolini y Otto Gamba. Los pormenores sobre la constitución de esta comisión fiscalizadora y sus conclusiones están muy bien descriptas y documentadas en el libro "El Secreto Atómico de Huemul" de Mario Mariscotti.
Balseiro fue traído especialmente de Manchester para integrar esta comisión. Su participación en la misma fue en realidad fortuita, pero finalmente resultó una de las más relevantes. Su informe es conciso y sobrio y los argumentos dados en el mismo, asi como el detallado análisis del dispositivo experimental hecho por el Ing. Bancora, fueron decisivos cuando a los pocos meses Iraolagoitia dio por concluído el Proyecto Huemul.
Luego de esto Balseiro y Bancora quedaron vinculados a la Comisión Nacional de Energía Atómica a la que se habían incorporado otros científicos que volvían del exterior como también algunos que habían dejado la Universidad. Al concluirse el Proyecto Huemul, la CNEA ya había iniciado actividades de investigación en sus instalaciones de Buenos Aires. Así se habían comprado el sincrociclotrón y un acelerador de cascadas que dieron origen al desarrollo de la física nuclear en la Argentina. Se formó un grupo de radioquímica que bajo la dirección del Prof. Walter Seelman-Eggebert hizo aportes originales identificando diversos isótopos nuevos. Grupos de radiación cósmica que se habían iniciado en la UBA, encontraron su ámbito allí. Al poco tiempo se iniciaron actividades en metalurgia, ya que para ese entonces la Comisión de Energía Atómica había decidido que se dedicaría a desarrollar las bases necesarias para la tecnología de reactores cubriendo todas las áreas científicas conexas.
Además de desempeñar tareas de investigación en la CNEA, a su regreso al país Balseiro se había incorporado a la docencia en la Universidad de Buenos Aires. Según el testimonio de sus alumnos de la época, gozaba de prestigio en el ambiente académico por su labor de investigación y pronto ganó respeto también por la amplitud de criterio con que encaraba la actividad docente. En su renuncia a la cátedra de física teórica en la UBA para incorporarse a Bariloche, hace una reseña de su labor y aclara que había ingresado a la misma como profesor de Física Matemática I, prefiriendo no reintegrarse a La Plata debido a que el entonces Rector había ordenado la cesantía de Gans, regresado a la Argentina en 1947, y a quien las autoridades de la UBA habían prometido incorporar y eventualmente ponerlo al frente de la dirección del Instituto de Física de la misma.
El Instituto de Física de San Carlos de Bariloche cobró vida formalmente al firmarse el convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de Cuyo el 22 de abril de 1955, la primera representada por el Capitán Iraolagoitia, y la segunda por el Ingeniero Roberto V. Carretero. El 1º de agosto se iniciaron las actividades del Instituto, con Balseiro como Director. Se incorporaron quince alumnos becados seleccionados de entre los treinta y tres candidatos que se presentaron. Los cursos correspondían al primer cuatrimestre del tercer año ya que el plan de estudio contemplaba, como hasta ahora, que los cursos previos se cursaran en cualquier Universidad del país. Las materias eran: Electromagnetismo a cargo de Balseiro, Mecánica a cargo de Luis Moretti, Matemática a cargo de Manuel Balanzat, Física Experimental a cargo de Wolfgang Meckbach y Química a cargo de Mario Foglio. Los nombrados contaban con la asistencia de Alberto Maiztegui, Sulmo Mariano, José Tamagno y Tomás Buch.
Moretti era un físico italiano que se había incorporado en Córdoba al Instituto Aerotécnico y a la Universidad, Balanzat uno de los matemáticos españoles con cuyo exilio la dictadura de Franco contribuyó a la ciencia argentina y Meckbach un joven físico alemán que había hecho una corta estadía en Bahía Blanca y La Plata. Mario Foglio había iniciado su trabajo de tesis bajo la dirección de Balseiro en la Universidad de Buenos Aires.
El Instituto de Física funcionaba en el marco de la Planta Experimental de Altas Temperaturas que incluía un Departamento de Investigaciones a cuyo frente estuvo desde 1956 Manlio Abele, otro italiano que provenía de Córdoba. Los planes de investigación estaban orientados hacia la experimentación de física de plasmas, rama en la cual en esa época todavía se podían hacer aportes originales con equipo relativamente económico. A partir de 1958 Balseiro tomó a su cargo la dirección de toda la Institución que para entonces ya se denominaba Centro Atómico Bariloche.
En junio de 1958 se graduó la primera promoción de licenciados en física y en agosto de ese mismo año se presentó ante la Universidad de Cuyo la primera tesis doctoral, la de L. M. Falicov, dirigida por Balseiro. En junio de 1961 en una disertación ante la Sociedad Científica Argentina decía el Dr. Balseiro "… el Instituto de Bariloche ha gozado desde hace algún tiempo de cierto prestigio nacional e internacional. Se puede asegurar que hemos sido afortunados de que nos dieran ese prestigio a crédito, en el sentido de que la labor desarrollada hasta hace poco tiempo era únicamente una labor docente, pero un instituto de esta naturaleza no se justifica solamente porque enseña; … enseñar para ser físico significa enseñar a ser investigadores y no se puede enseñar a ser investigadores si no se investiga. La investigación es una disciplina que se aprende al lado de aquel que sabe hacerlo. Éramos muy conscientes cuando el Instituto de Bariloche inició sus actividades de que íbamos a tener dificultades, de que se necesitaba una programación muy cuidadosa y de qué es lo que se esperaba."
Las dos ramas fundamentales que se decidió desarrollar en Bariloche fueron la física del estado sólido y la física nuclear. Balseiro intentaba desarrollar un programa de investigación que atendiera a los intereses de la CNEA y otros intereses técnicos del país. Así se encararon programas en metalurgia de relevancia para la tecnología de reactores, y de daño por radiación. Con ese objetivo se planeó la construcción de un acelerador lineal de electrones a fin de producir daño por radiación con electrones o con radiación gamma.
Ricardo Platzeck quien había sido estrecho colaborador de Gaviola en el Observatorio de Córdoba, se incorporó al Instituto en octubre de 1955 y tenía a su cargo la responsabilidad de la construcción del acelerador. La formación experimental de los alumnos era un aspecto que se tuvo muy en cuenta desde el principio dadas las dificultades tradicionales en las universidades argentinas en este aspecto, debido a la concurrencia de factores presupuestarios y culturales, que tienden a menospreciar el trabajo manual. En 1962 el CAB-IB contaba con laboratorios de investigación en bajas temperaturas, física de metales, resonancia paramagnética electrónica y física nuclear. A la fecha, salvo la última que fue abandonada, las otras actividades se han afianzado alcanzando un nivel de reconocimiento internacional.
La tarea de Balseiro al frente del Centro Atómico y del Instituto fue pesada y cargada de dificultades. Por distintos motivos, en 1961 algunos de los profesores que lo habían acompañado en las etapas iniciales ya no estaban en Bariloche, y tuvo que tomar a su cargo junto a las tareas administrativas y de dirección, el dictado simultáneo de hasta tres cursos por cuatrimestre. Se sumaban a esto las dificultades presupuestarias, que llevaron a buscar apoyo de diversas fuentes.
Para asegurar el funcionamiento del Instituto fue fundamental el aporte de organismos internacionales como la Unión Panamericana, Unesco, OEA y OIEA, entre otros que contrataban profesores visitantes. La participación de los egresados jóvenes que comenzaron a hacerse cargo del dictado de algunos cursos permitió la continuidad que se veía amenazada por la falta de profesores más experimentados. Balseiro murió a los 42 años, en marzo de 1962 cuando empezaba a ver el fruto de su esfuerzo, lo que lo llevo a expresar en la ya citada disertación a la Sociedad Científica Argentina "… valía la pena haber hecho la tentativa de Bariloche". Parte de este fruto fue el haber transmitido a sus discípulos una mística especial que los hizo luchar contra las adversidades que se fueron presentando luego de su desaparición, y que posibilitó el afianzamiento posterior de la institución.