Ante la intervención política del extranjero Braden -recordará aquél-, arengué al pueblo así: «Dentro de poco tiempo, el pueblo deberá elegir entre Braden o Perón.» Y este slogan, «Braden o Perón», fue más elocuente, más convincente que ningún otro para convencer a los argentinos que debían votar por mí.

El 24 de febrero fue día de fiesta cívica. Despues de tres meses de ruidosas manifestaciones se entró en la calma de la urna. Perón fue muy temprano a votar y tras recorrer los comicios y comprobar que el Ejército cumplía con su palabra de actuar imparcialmente, fue a su casa y le dijo a Evita: «Bueno, vámonos a San Vicente, para estar más alejados. y tranquilos.» Cerca del mediodía recorrieron los 75 kilómetros que separan esa zona residencial de la capital Argentina y allí esperaron, solos, la llegada de la noche. Pasada la media tarde comenzaron a acudir dirigentes y amigos para seguir la tendencia de los resultados que iría dando la radio. Perón recuerda aquellos momentos con estas frases:

 

Empezaron a llegar los resultados y también algunos dirigentes alarmados, porque los primeros cómputos se habían hecho en la provincia de La Rioja, donde, indudablemente, en aquel entonces, teníamos pocos votos. Hoy, en. la misma provincia, tenemos el doble o el triple. Como esos primeros cómputos eran un poco desfavorables, los dirigentes estaban algo asustados, pero, cuando votaron los grandes centros urbanos, las grandes masas ciudadanas a -las cuales nosotros habíamos podido llegar con nuestra acción, entonces empezaron a aumentar los votos y ganamos por gran mayoría. En esa época el escrutinio se hacía en el Congreso de Buenos Aires. Tardó varios días. Hubo momentos en que alguno perdía la esperanza, pero tanto Eva como yo les decíamos: espérense que lleguen resultados de Córdoba, que llegue Mendoza, que llegue Buenos Aires. Eva tenía esa calma porque estaba segura dé sí misma.

 

Finalmente, las urnas dieron su fallo: Perón-Quijano, 1500 000 votos y 302 electores; Tamborini-Mosca, 1200 000 votos y 72 electores. Poco más de 100 días habían transcurrido desde la mañana en que el embajador Braden, desde la ventana de su despacho había decidido su estrategia para frenar él   ascenso del sonriente coronel. Pero el fracaso de sus planes no le impidió asistir a las ceremonias de ascensión de Perón al mando presidencial, y ello motivó una rechifla descomunal en el pueblo.

 

te avisaremos para hacer el casamiento.» Cuando todos lo papeles estuvieron en regla me presenté con dos testigos. Cuándo llegamos ya estaba el acta levantada de manera que en diez minutos nos leyeron las fórmulas rituales, firmamos, y ¡adiós, adiós!, Nos fuimos tranquilamente ya casados por lo civil. Veinte días después hicimos lo mismo en la iglesia de San Ponciano, en La Plata. Evita vestía un traje de calle; yo, de paisano. Llegamos, con nuestros dos testigos, nos aproximamos al altar, y en cinco minutos terminó el problema. Tomamos el auto y volvimos a casa. No tuvimos una reunión con los amigos ni hicimos una comida. El romance de nuestra luna de miel fue la política. Y empecé entonces a preparar, mis planes de gobierno...

 

La casa de San Nicolás adonde regresaron tras las breves ceremonias matrimoniales «tenía tal cual la recuerda el general desde su exilio en Madrid un salón grande, varias habitaciones y una buena cocina. «Aunque el dueño de la estancia comenta ­puso a nuestra disposición una mucama, a veces la comida la hacía Eva y otras yo que, como cocinero, no soy malo. »

En este ambiente rural, alejado del tráfago y de las tensiones de la gran ciudad, con la compañía de Eva Duarte (su recientísima esposa), con la asistencia de los amigos políticos y partidarios de su movimiento, Juan,Domingo Perón preparó con la minuciosidad de un jefe de Estado Mayor su gira electoral que realizó con ella, acompañados por el rumor no confirmado de que Eva estaba embarazada.

Se vive un verano agitado, políticamente caliente, y a'dos semanas del día de la elección todas las predicciones apuntan a una paridad. Sin embargo, es en esos momentos cuando dos sucesos inclinan a los votantes dudosos hacia el coronel. Se descubre, y la prensa peronista lo da a conocer con bombos y platillos, que una entidad de patronos, ha entregado una fuerte suma a la Unión Democrática. Los trabajadores intuyen que esos dineros les habrán de ser quitados, caso de triunfar Tamborini-Mosca. Por otro lado, estalla una bomba que se convierte en boomerang: Spruille Braden, como secretario adjunto de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, edita y hace conocer en Washington un documento al que llama «Libro Blanco», en el que acusa de nazismo al Gobierno argentino y al propio Perón. La prensa de la Unión lo hace conocer de inmediato en la seguridad de que es el factor decisivo para tumbar las esperanzas del coronel.

 Del Libro "Yo Peron"

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