LA VISIÓN RELIGIOSA
DE EVA PERÓN
Eduardo A.
González
No pretendo estudiar las virtudes de María Eva Duarte de Perón(EP)
hasta llegar al título de la novela de Tomas Eloy Martínez “Santa Evita”,
ni asumir una tarea de “abogado del diablo” que culminara en algo
similar a las descripciones de Silvano Santander en “La mujer del látigo”
O para resumirlo en la poesía de María Elena Walsh: En los altares
populares, santa. Hiena para los gorilas, pero eso sí, solísima en la
muerte.
Mi intención va por otro camino. Parte del dato indiscutible que EP
fue una mujer de amplio liderazgo político-social, de una presencia
trascendente a los poco más de treinta años de su vida, y con
resonancias de invocación, que le permite a la CGT del 2000 empapelar
las calles con un pedido: Evita, ayuda a tus amados trabajadores para que
la Justicia Social se haga realidad.
Recibió la influencia del catolicismo de su tiempo, sobre todo en lo
referente a la doctrina social de
la Iglesia a través del obispo del Chaco, Nicolás De Carlo, con quien dialogó
en muchas oportunidades. Él mismo le regaló el 26 de octubre de 1947 una
reliquia de Santa Teresita del Niño Jesús, y a partir de ese momento se
convirtió en una fiel devota de la “Doctora del Caminito”. En un ámbito
más personal, contó con el acompañamiento de su confesor, el P. Hernán Benítez.
¿ Qué visión tuvo del cristianismo? Habló y escribió sobre el
hecho religioso, especialmente en
la Argentina a partir de las expresiones populares: Podrá el clericalismo
ser impopular, pero nada más popular que el sentimiento religioso y la idea
de Dios.[1]
Por eso dispuso que siempre existiera una capilla en las obras de la
Fundación Eva Perón, poderosa organización que ella dirigía personalmente,
con capacidad operativa similar a la que hoy es un Ministerio de Acción
Social. Su acción se extendía más allá de las fronteras. El 2 de
enero de 1950 el Papa Pio XII le agradece un obsequio de víveres
argentinos. En la última década del siglo XX todavía era posible
encontrar en algún kibutz de
Israel frazadas con el sello de la Fundación, enviadas en 1948, cuando
Argentina se convertía en el primer país que reconoció la soberanía del
Estado judío. En las oficinas centrales de la Fundación
transcurrieron muchas horas de los tres últimos años de la vida de
EP, especialmente dedicada a la
atención personalizada de todos los que solicitaban su ayuda.
EL
SENTIMIENTO RELIGIOSO Y LA JUSTICIA SOCIAL
Según cuenta el P. Hernán Benitez, cuando María Eva Duarte era una
artista radial, le solicitó una entrevista. Combinaron en un día
determinado, pero el sacerdote, en un gesto que él mismo califica de
“soberbio” no asistió a la cita. Cuando en 1946 el ya entonces Presidente
de la Nación, Juan Domingo Perón, le presentó a su esposa, ella le recordó:
“Padre, ya nos conocemos. Usted me dejó plantada...claro, yo no era de esas
damas que usted acostumbraba atender”.
Pero el suceso no tuvo ningún resultado negativo. Al contrario, el
Padre Benitez, que todavía
pertenecía a la Compañía de Jesús, comenzó
su tarea de confesor, llegando con el tiempo a ser asesor de la Fundación
Eva Perón.
Es fácil suponer que esas relaciones con De Carlo y Benítez llevaron
a EP a conocer, reflexionar y escribir sobre el tema religioso en general y el
catolicismo en particular.
Lo cierto es que el diario “Democracia” reproduce el artículo que
Eva Perón escribe en el semanario político francés “La Tribune des
Nations” con motivo de tratarse el tema de los Derechos de la Ancianidad en
la Asamblea General de la ONU, reunida en París, un artículo titulado
“Emoción cristiana y justicia social”Aparece allí un párrafo que
interesa a su visión de la religiosidad:
Los Derechos de la Ancianidad contienen todos los elementos de una
nueva y elevadísima doctrina, en la que se han conjugado armónicamente los
principios rigurosos de la justicia social conlos evangélicos conceptos de la
emoción cristiana.[2]
La frase, algo oscura, permite captar que EP ha descubierto al
cristianismo bajo el aspecto de la “emoción”, pero que no se detiene en
el “sentimentalismo”, sino que lleva el sentimiento-emoción al nivel de
componente de una “nueva y elevadísima doctrina” en la que el otro
componente será la “justicia social”.
La base de este proceso se encuentra en que, siguiendo a la antropología
del tomismo, la orientación fundamental hacia la perfección se convierte en
el viviente humano en un “apetito racional”, que hace de la voluntad una
“afectividad espiritual”. He aquí una definición que resume todas las
demás: la voluntad es el amor del bien.[3]
La vertiente del sentimiento ha sido explicitada por Pascal, en aquello
de que “el corazón tiene razones que la razón no conoce” y que en EP
adquiere el nombre más popular de “intuición”
La intuición no es para mí otra cosa que la inteligencia del corazón;
por eso es también facultad y virtud de las mujeres, porque nosotras vivimos
guiadas más bien por el corazón que por la inteligencia. Los hombre viven de
acuerdo con lo que razonan; nosotras vivimos de acuerdo con lo que sentimos;
el amor nos domina el corazón y todo lo vemos en la vida con los ojos del
amor...Los hombres con más
facilidad pueden destruir, haciendo la guerra. Ellos no saben lo que cuesta un
hombre, nosotras, sí.[4]
El otro componente de los Derechos Humanos concretados en ese momento
en los Derechos de la Ancianidad es el de
la “justicia social”.
Reconocido en la vida de EP como una apasionada carga, pertenece en el esquema
clásico de las virtudes al ámbito de las “partes subjetivas” de la
justicia[5]
Esta relación entre evangelio
y justicia social adelanta lo que dos décadas después, en plena etapa
posconciliar, dirá el Sínodo de los Obispos: La acción en favor de la
justicia y la participación en la transformación del mundo se nos presenta
claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio,
es decir, la misión de la Iglesia para la redención del género humano y
liberación de toda situación opresiva.[6]
LA RED DE LAS VIRTUDES
CRISTIANAS
Desde aquí EP desarrolla una red conceptual que escalona como
vertientes de las virtudes cristianas la limosna, la ayuda social, la justicia
social y la caridad.
No se ha de confundir la ayuda social con la limosna, entendida esta última
en el sentido popular de una contribución ocasional, aislada y excepcional.
En el siglo V el término “limosna”
es una denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia,
de modo que todos los fieles son capaces de practicarla[7]
En
cambio, en el siglo XX fue reduciendo su significado a una circunstancial
contribución económica, reflejada en el cine argentino en la figura del
mendigo interpretado por Narciso Ibañez Menta: “Que Dios se lo pague”.
Puede incluso llegar a tener una
característica negativa tanto en quien la recibe como en quien la da.
A quien la recibe, porque experimenta, percibe y siente que “es pan
para hoy y hambre para mañana”. A quien la da, porque su aporte pudo llegar
para ser distribuido silenciosa y racionalmente, con un verdadero concepto de
solidaridad humana...
La
limosna prolonga la enfermedad...,es accidental. No tiene método ni meta. Y
supervive en nuestros tiempos, en nuestro medio, porque algunos sectores
necesitan ejercitarla, entendiendo que así lavan culpas en la puerta de una
iglesia. [8][9]
Pero la limosna puede ser una respuesta urgente a una necesidad
imprevista. En ese caso se integra en el primer escalón de la actitud
cristiana.
Yo
no niego la limosna como principio cristiano. Ello sería negar la cristiandad
misma. Allí donde aparece una necesidad, es imprescindible cubrirla bajo
cualquier forma. Pero aspiro - y a esto deben aspirar todos los hombres buenos
del mundo - a que la limosna no sea necesaria.[10]
(En otra ocasión dirá algo más: Dónde
hay una necesidad, hay un derecho)
El segundo escalón es la “ayuda social”, considerada como una
exacta interpretación de la doctrina cristiana y definida en relación a
los beneficios del trabajo y a la solidaridad con los que por distintas
razones están impedidos de trabajar.
Es la exteriorización del deber colectivo de los que trabajan, de
cualquier procedencia o clase social, con respecto a los que no pueden
trabajar...Va dirigida a otro sector humano, que el Estado y la sociedad no
pueden ni deben ignorar. Es un deber de solidaridad humana que supera todo
prejuicio. No reconoce fronteras, razas ni religiones. Apuntala y preserva el
derecho de vivir para aquéllos que por razones de edad, por causas de
enfermedad o por incapacidad física, no son aptos para el trabajo. Es la
habitación, el vestido, el alimento, la medicina para el enfermo que no está
capacitado para el trabajo y que no pudo adquirirla. No es limosna. Es
simplemente solidaridad humana.[11]
Cuando con motivo de la globalización capitalista va desquebrajándose
el “Estado Benefactor o de Bienestar” aparece como responsabilidad actual
volver a esta “ayuda social” que podría definirse desde el mínimo de
“Estado Protector”.
El
tercer escalón es la “justicia social” que juega en el orden de los
seres aptos para el trabajo, puesto que los que dejan de serlo, ya sea por
accidentes, por enfermedad o por causas que la ley contempla, no quedan jamás
desamparados...La felicidad de un pueblo, en cuanto a sus medios de
vida se refiere, se logra con una adecuada legislación en materia de
“justicia social” y una equitativa distribución de la “ayuda social”.[12]
Finalmente, en el último escalón aparece la Caridad, encuadrada en
esta oportunidad en el contexto de la militancia política, con la precisa
mención al fundador del Movimiento Justicialista.
Debemos
recordar algo que dijo Perón no hace mucho, y fue esto: “Nosotros no
solamente hemos visto en Cristo a Dios, sino que también hemos admirado en Él
a un hombre. Amamos a Cristo no sólo porque es Dios; lo amamos porque dejó
sobre el mundo algo que será eterno: el amor entre los hombres”[13]
UNA
TEOLOGÍA DESDE LOS POBRES
En 1986 Gustavo Gutiérrez, participando en la Primera
Semana de Teología en Quilmes, contestó una pregunta sobre el pobre
en la Argentina, repreguntando: ¿No creen que hace cuarenta años hubo una
cierta irrupción del pobre en la Argentina con “el descamisado”? A partir
de este hecho hay una posibilidad de pensar en una irrupción del pobre en la
política, en la sociedad, y también la posibilidad de una distinta reflexión
teológica”[14]
A los “descamisados” se refiere EP en su libro más divulgado “La
razón de mi vida”. Si bien no
fue la redactora directa, se sabe que la obra fue escrita por el periodista
español Manuel Penella de Silva, luego de infinitos encuentros en los que
ella seguía letra por letra la evolución de su autobiografía...A
medida que el periodista iba leyéndole el manuscrito, Evita asentía
emocionada: “Así fue, así mismo ocurrió”, repetía entre lágrimas.
Poco antes de morir le dijo “Gracias por el libro, es el hijo que no tuve”
[15]
Aunque otros autores mencionan que la redacción definitiva estuvo a
cargo de Raúl Mendé, lo cierto es que EP siempre lo aceptó como fiel
transcripción de sus ideales. [16]
Los “descamisados” son una realidad que le permite a EP abrir una
nueva reflexión teológica, a partir de una identificación entre esos
“descamisados”, con los humildes y pobres,
representados en los pastores de Belén. Con la exégesis de la época,
pensaba que las puertas del albergue le fueron cerradas a la familia de
Nazaret. Más allá de los actuales aportes sobre el lugar al que hace
referencia el evangelio de Lucas, lo cierto es que los “pastores” son los
primeros que reciben el mensaje de la Buena Noticia. Esto permite una
relectura desde la perspectiva de los “descamisados”.
Hoy es Navidad. Navidad de 1950.
Anoche,
como todos los años, al promediar la nochebuena, hablé a los descamisado en
un mensaje radial. Les dije que para mí la nochebuena les pertenece con
derecho de propiedad exclusivo.
La
nochebuena es de los pobres, de los humildes, de los descamisados desde que
Cristo, despreciado por los ricos que le cerraron todas las puertas, fue a
nacer en un establo...y ¿acaso los ángeles no llamaron a los pastores, a los
hombres más humiles y pobres de Belén...y únicamente a ellos le comunicaron
la buena nueva que venía a alegrar el mundo?
Únicamente
a los pastores, a los humildes, a los pobres les fue anunciada la “paz a los
hombres de buena voluntad...”[17]
La mención del Juicio Final de los pueblos ( Mateo 25,31-45 ) es
tratado con ocasión de dar respuesta a una persona que le sugirió que fuese
más “cristiana” y que invocase a Dios con mayor frecuencia en la
actividad pública.
Es cierto lo que Ud. Dice. Yo no invoco a Dios muy frecuentemente. La
verdad es que no lo quiero complicar a Dios en el bochinche “de mis
cosas”. Además casi nunca lo molesto a Dios pidiéndole que me recuerde, y
nunca reclamo nada para mí.
Pero lo
quiero a Cristo mucho más de lo que usted cree: yo lo quiero en los
descamisados. ¿Acaso no dijo El que estaría en los pobres, en los enfermos,
en los que tuviesen hambre y en los que tuviesen sed?[18]
En la identificación de Cristo con el pobre, “el descamisado” en
terminología de EP, lleva a la entrega de la vida por ellos. Se produce una
secuencia que parte de Cristo, va al encuentro con el pobre y culmina en la
donación gratuita de la existencia.
...creo firmemente que el primer mandamiento es el del amor. El mismo
Cristo dijo que...”nadie ama más que el que da la vida por sus amigos”.
Si alguna vez lo molesto a Dios con algún pedido mío es para eso: para que
me ayude a dar la vida por mis descamisados [19]
MI
MENSAJE: UNA INTERPRETACIÓN CRÍTICA DESDE LA FE
El pensamiento más extenso de EP sobre la religión, el cristianismo y
las jerarquías eclesiásticas se encuentra en su obra póstuma y poco
divulgada “Mi mensaje”. Sus páginas fueron dictadas al sindicalista Juan
Jiménez Domínguez, fundador de
la Unión de Docentes Argentinos. Según el historiador Fermín Chávez “Mi
mensaje” fue dictado entre los meses de marzo y junio de 1952, cuando
apenabas pesaba 38 kilos, , es
decir en los últimos meses de su vida, ya que murió el 26 de julio de 1952.
En ese tiempo, y después de haber sido sometida a una gran operación
se iba a cumplir, en el sentimiento de sus seguidores más humildes lo que había
reflexionado pocos meses atrás: Pareciera que Dios lo hace a uno más
grande cuanto más sufre.[20]
El texto de “Mi mensaje” dedica una buena parte de sus 30 secciones
o capítulos a señalar los riesgos de quienes al llegar a las altas jerarquías
militares, sindicales o eclesiásticas. se separan del pueblo y llegan a
traicionarlo. Lo específicamente religioso se concentra en los
capítulos 20 “Las jerarquías clericales”; 21 “La religión”;
22 “Las formas y los principios”; 23 “Los pueblos y Dios”.
A
las jerarquías religiosas les reprocha haber abandonado a los
pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido
en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho haber
traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les reprocho
olvidarse del pueblo y de hacer todo lo posible por ocultar el nombre y la
figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. [21]
Unos veinticinco años después, un
análisis similar realizará Mons. Arnolfo Romero en El Salvador en una
sucesión de homilías que resaltan la necesidad de una Iglesia que abandona
todo prestigio basado en la alianza con los poderosos y hace del “sentir con
la Iglesia” un auténtico “sentir con el pobre”.
No podemos trabajar por quedar bien con los de arriba...
No
es un prestigio para la Iglesia estar bien con los poderosos. Este es el
prestigio de la Iglesia: sentir que los pobres la sienten como suya, sentir
que la Iglesia vive una dimensión en la tierra llamando a todos, también a
los ricos, a convertirse y a salvarse desde el mundo de los pobres, porque
ellos son únicamente los bienaventurados.[22]
En dirección inversa, el retorno al origen popular de los responsables
pastorales refuerza la opción por los que viven en sistemas económicos que
continúan aumentando el número de excluídos y excluidas. Lo resumió Juan
Pablo IIº en un mensaje a los sacerdotes: Ustedes proceden del pueblo y
son para el pueblo. Recuerden que actúan en nombre de la Iglesia, la cual
manifiesta hoy particularmente su opción en favor de los pobres. [23]
La afirmación,
puede extenderse a toda la jerarquía (episcopado, presbiterado y diaconado)
poniéndola en relación con el pueblo de donde procede y es destinada,
originando uno de los fundamentos de la pastoral popular.
Esta praxis supone la “conversión”, término que en la teología
se ha venido desarrollando paulatinamente, desde el comienzo de la predicación
de Jesús en Marcos “conviértanse y crean en el evangelio”(1,15 ) hasta
expresiones más contemporáneas , que la considera. como progresiva
consolidación y gradual realización de la opción fundamental misma. [24]
Desde la perspectiva de los Obispos Latinoamericanos la conversión
abarca, además de los sentidos ya mencionados, una nueva dimensión social: Afirmamos
la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial
por los pobres, con miras a su liberación integral [25]que
se convierte en la dinámica de ...una conversión y purificación
constante en todos los cristianos, para el logro de una identificación cada día
más plena con Cristo Pobre y con los pobres[26]
En EP el servicio al pueblo supone
la “conversión” en un sentido muy amplio, porque es una
conversión...¡al cristianismo! y un “sentir con el pueblo”.
El clero de los nuevos tiempos, si quiere salvar al
mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo.
Empieza por descender al pueblo. Como Cristo, vivir con el pueblo, sufrir con
el pueblo, sentir con el pueblo...[27]
UNA RELIGIÓN LIBERADORA
La radicalidad de ese compromiso
parte de la fidelidad al mandato misionero de Jesús, porque Cristo les
pidió que evangelizasen a los pobres y ellos no debieron jamás abandonar al
pueblo donde está la inmensa masa oprimida de los pobres.[28]
En este marco avanzará, en primer
lugar enfrentado al ateísmo leninista para fundamentar el origen de la liberación
cristiana en el principio de la igualdad de la filiación ante un Padre Dios que
nos reconoce iguales en dignidad y libertad. ¿ No estamos ante los prolegómenos
de la teología de la liberación enunciados por una mujer, laica, política y
polémica?
Yo no
creo, como Lenin, que la religión sea el opio de los pueblos. La religión debe
ser, en cambio, la liberación de los pueblos; porque cuando el hombre se
enfrenta con Dios alcanza las alturas de su extraordinaria dignidad.
Si no
hubiese Dios, si no estuviésemos destinados a Dios, si no existiese religión,
el hombre será un poco de polvo derramado en el abismo de la eternidad.
Pero Dios
existe y por El somos dignos, y por El todos somos iguales y ante El nadie tiene
privilegios sobre nadie. ¡Todos somos iguales! [29]
Pero la religión puede ser alienante, sobre todo si predica la
resignación ante las situaciones de injusticia y explotación. En realidad,
dejarían de ser una auténtica “religión”.
Yo no comprendo entonces por qué, en nombre de la religión y en nombre
de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia.
La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los
pueblos...
Yo me
rebelo contra las “religiones” que hacen agachar la frente de los hombres y
el alma de los pueblos.[30]
Se hace necesario una vuelta al sentimiento religioso de los pueblos,
que ha de ser defendido de toda impureza y manipulación.
Mi mensaje
está destinado a despertar el alma de los pueblos de su modorra frente a las
infinitas formas de la opresión, y una de esas formas es la que utiliza el
profundo sentido religioso de los pueblos como instrumento de esclavitud.
El
sentimiento religioso debe ser defendido por los pueblos y por eso todas su
deformaciones reclaman una condenación imperdonable.
[31]
Por el contrario, en la medida que lo
religioso está expresando la fe del pueblo, es decir, su cercanía de Dios, se
convierte en fuerza de la noble lucha por la justicia social, la igualdad y la
libertad de los pueblos.
La religión tiene
que ser bandera de rebeldía. Está en el alma de los pueblos porque los pueblos
viven cerca de Dios, en contacto con el aire puro de la inmensidad. Nadie puede
impedir que los pueblos tengan fe...
La religión
debe levantar la cabeza de los hombres. Yo admiro a la religión que puede
hacerle decir a un humilde descamisado frente a un emperador “¡ Yo soy lo
mismo que Usted, hijo de Dios!”[32]
EN
LA TARDE DE LA VIDA, TE JUZGARÁN EN EL AMOR
Finalmente, unas sugerencias para volver a una pastoral que hable el
lenguaje del corazón, la sencillez y el amor. Apoyada en el testimonio de los
pastores, y para decirlo en lenguaje de hoy, de todos los “agentes de
pastoral”.
Y para que la religión sea sí, profundamente popular, debe volver a ser
como antes. Ha de volver a hablar en el lenguaje del corazón que es el lenguaje
del pueblo, olvidándose de los ritos excesivos y de las complicaciones teológicas
también excesivas.
Cuando
al pueblo se le habla con sencillez y con amor, acepta la verdad que se le
ofrece. Y con más fe todavía si se le predica con el ejemplo. [33]
Así se entiende una visión en la que vuelve a reunir la situación del
pueblo y el servicio que le brindan sus auténticos pastores.
Yo sé - y lo declaro con todas las fuerzas de mi espíritu - que los
pueblos tienen sed de Dios. Y sé también como trabajan sacerdotes humildes en
apagar esa sed. [34]
Mi Mensaje concluye con el capítulo "Mi voluntad
suprema", que fue difundido el 17 de octubre de 1952. Allí en un tono más
confidencial y personalizado presenta una concepción del juicio definitivo de
Dios basado en el examen sobre el amor.
Por fin quiero que todos sepan que si he cometido errores los he
cometido por amor y espero que Dios, que ha visto siempre mi corazón, me juzgue
no por mis errores, ni mis defectos, ni mis culpas, que fueron muchas, sino por
el amor que consume mi vida.[35]
Y comentando su deseo de vivir eternamente junto con el pueblo vuelve a
ver los “descamisados”, es decir, a los pobres, el rostro sufriente de Dios.
Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos, porque él
también está con los humildes, y yo siempre he visto en cada descamisado un
poco de Dios que me pedía un poco de amor que nunca le negué.[36]
Este es el anticipo de lo que señalarán los Obispos Argentinos al
trazar las “Lineas Pastorales
para la Nueva Evangelización”: Y al profesar que todo hombre nos torna
visible al Señor, Primogénito entre muchos hermanos, reconocemos la particular
y específica cualidad que poseen los pobres para ser “sacramento de Cristo”[37]
Todo esto, vivido desde la peculiaridad de la mujer: Nuestro símbolo
- mujeres - debería ser el de la Madre de Cristo al pie de la Cruz.[38]
[1]Eva
Perón: Clases y Escritos completos.1951. Editorial Megafón, San Isidro,
1987, tomo 3, pag 130
[2]
Diario “Democracia” Buenos Aires,
25 de noviembre de 1948
[3]
J. Dubois, Los actos humanos, en
Iniciación Teológica, Herder, 1962, Tomo II)
[4]
Eva Perón: Clases y Escritos
completos. Año 1951 Editorial Megafón,, 1987, tomo 3, pag 18
[5]
ver: Royo Marín: Teología de la Perfección Cristiana, B.A.C., 1962, nº
287
[6]
Sínodo de los Obispos 1971: La
justicia en el mundo.
[7]
San León Magno, Sermón 6 sobre la Cuaresma.
[9]
Eva Perón : Diario “Democracia”, 28.de julio de.1948
[10]
Eva
Perón: “Democracia”
[11]
Eva Perón: “Democracia”
[12]
Eva Perón: “Democracia”
[13]
Eva Perón: Clases y Escritos
completos. Año 1951 Editorial Megafón, San Isidro, 1987, tomo 3, pag 45
[14]
Gustavo Gutiérrez: Evangelización y
opción por los pobres, Paulinas, Bs.As. 1987, pag.69
[15]
Judith Gociol, Diario “Clarín”,Buenos
Aires, 15.de octubre de 1996
[16]
Ver: Nicholas Fraser - Marysa Navarro:
Eva Perón, la verdad de un mito, Bruguera, Barcelona, 1982
[17]
Eva Perón: La razón de mi vida,
Peuser, Buenos Aires, 17a. Edición Escolar, pág.217
[18]
Eva Perón: La razón de mi vida, pag.
218
[19]
Eva Perón, La razón de mi vida pag.
219
[20]
Eva Perón: Clases y Escritos
completos.1951. Editorial Megafón, San Isidro, 1987, tomo 3, pag 177.
[21]
Eva Perón: “Mi Mensaje” Editorial
Futuro, Bs.As. 1994, pag. 50.
[22]
Mons. Arnolfo Romero: Homilías del 15 de julio de 1979 y del 17 de febrero
de 1980.Citadas por Miguel Cavada Diez: Revista Latinoamericana de Teología,
nº 40, enero abril de 1997, pag. 8
[23]
Juan Pablo II Homilía en Tarnox, Polonia, el 10 de junio de 1987
[24]
S. Bastianel, “Conversión”, en
Nuevo Diccionario de Teología Moral, Paulinas, Madrid, 1992
[25]
Obispos
Latinoamericanos: Documento de Puebla, 1134
[26]
Documento de Puebla, 1140.
[27]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 50
[28]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 50
[29]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 51
[30]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 51
[31]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 52
[32]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 51
[33]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 52
[34]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 53
[35]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 61
[36]
Eva Perón: Mi Mensaje, pag. 61
[37]
Conferencia Episcopal Argentina: Líneas
Pastorales para la Nueva Evangelización, San Miguel, 1990. nº 27.
[38]
Eva Perón, según cita del P.
Francisco Compañy: Oración Fúnebre, Catedral de Córdoba, el 28 de julio
de 1952)